lunes, 13 de diciembre de 2010

Lost Innocence

Cierto recuerdo me sobresalta: caminaba con los besos atragantados en el sueño de los escaparates de la ciudad; manos de abuelas estrechando las de sus nietos en paseos visperales y fríos de invierno, desbrozando a cada paso las promesas que el consumismo otorga en estas fechas (malditamente señaladas en estos tiempos; ¿quién dijo crisis?). Las avenidas eran arterias apasionadas, hinchadas de ilusiones, risa y glóbulos de alegría de niños jugando sana-mente (porque antes los juegos, aunque acabaran en lágrimas, eran cien por cien más saludables que en la actualidad, en este mal llamado siglo XXI). Y no había motivos para derrumbar la esperanza infantil, tal vez por el envoltorio frágil de la inocencia, -tal vez porque ahora la experiencia es más electrónica, tecnológica, informática, telemática...- y el tamaño del desencanto maleduca la pureza del intelecto más pueril, la picardía ha elevado su categoría. Hoy jugar se ha convertido en un reto; para los adultos, porque se sienten indefensos, desarmados de memoria de la diversión, olvidaron, ¡Dios sabe cuándo!, el quid de la cuestión y no comparten el mismo idioma ocioso; para los niños, porque ya no interactúan con artilugios ni juegos que los enriquezcan en valores, sino todo lo contrario: disfrazado en porvenires idílicos e instantáneos, pervertidos de violencia y agresividad gratuitas (y es que muchos han aprendido la lección de las cosas sin saberlas del todo suficientes). ¿Será que hoy he recordado que también fui niño?

martes, 7 de diciembre de 2010

Guardando pensieri

La prosa de antaño viene a hacerme una visita, de improviso llamó a la puerta y me asomo no sin ciertos reparos. Tristezas, olvidos, me estrechan la mano; y una profunda desazón me invade el alma. ¿Me recuerdas?, me interroga sin albedríos, descaradamente al corazón. La inquietud se me acelera y a mi rostro le sobran las palabras; porque hay abismos que uno nunca termina de superar, por más que haya leído, por mucho que conozca la historia... A veces juego a sincerarme conmigo mismo, desordenar lo establecido y convertirme en mi propio espectador de lo que escribo. Y existen personas que destellan de optimismo con su sola presencia; no sé si será el aura, la energía positiva, el ying, los chakras... A ellos creo que siempre los consideraré unos privilegiados porque, pase lo que pase, viven en una cotidianidad inmortal, a la que no vencen ni resentimientos ni decepciones. ¿Cómo estás?, hoy, mañana o dentro de tres años... -admirable-. A mí, sin embargo, me cuesta no echar la vista atrás y saber mirar, serenamente, a los ojos; me temo que el pasado es presa fácil en mi conciencia.
Perdona, ¿dónde decías que nos conocimos?

viernes, 3 de diciembre de 2010

Ciudades invisibles (V)



Hoy las calles son una prueba de confianza que abordan uno a uno mis pensamientos. Me impacientan los tumultos que marcan el ritmo de mis pasos, la sonrisa de un sin techo resbalando por las pupilas y el clamor insaciable de otra temporada de vísperas, gélidas, superficiales. Porque el tiempo no reclama su tributo a arrabales sin nombre, chabolas de planta baja sin duplicar, artefacto urbano y evidente. Hoy también me dejo caminar un sábado tranquilo por el centro de la ciudad; atravieso esa atmósfera cosmopolita con la que pretenden maquillar... ¿una esencia, un sentimiento? Y una mirada ajena, foránea, tropieza en mi rostro y me sobresalta, me desarma de idiosincrasia y me transforma en un extranjero más. De improviso un rostro me saluda, desde su última sonrisa diez años atrás, me interroga sonriente, parabienes y alegría instantánea; al despedirnos, mi memoria se distrae apoyada en la barra de un bar, contemplando cómo se consume la espuma de mi cerveza. La ciudad parpadea melancolía y anhelo de bienestar.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Desnudo confeso

Decía el maestro luso que se aprende en la tristeza, en la reflexión, en el silencio. Hoy escribo con esa necesidad que me dictan las circunstancias, con el corazón latiendo en la palma de la mano, sin abstenciones por decir lo que siento, sin omisiones; el peso de los acontecimientos resuena en mi mente como una pesada sentencia. Sí, últimamente me siento extrañamente sensible, vulnerable; la crisis acecha en todos los ámbitos imaginables para el ser humano que soy y mi alma, sedienta, no se conforma con las pequeñas alegrías cotidianas... Decir que me siento solo puede ser un gesto de valentía reconocerlo o, simplemente, una señal de arrogancia... no importa, sinceramente. La cuestión fundamental es más compleja e intrínseca. Sentimiento absurdo y caprichoso que me invade desde hace varios días. Tristeza, reflexión, silencio...

miércoles, 27 de octubre de 2010

Ciudades invisibles (IV)

Estoy de vuelta, en esta ciudad casi irreconocible a la vista; ni puentes ni puertos ni estatuas ni muros. No encuentro aún el motivo, pero tampoco es un tópico decir que sus calles no tienen nombre... sólo es fruto de mi amnesia, cierta apatía que insinúan mis sentidos en días como hoy. Mis pasos están de rebajas deambulantes y las dudas me asaltan a punta de melancolía por cada esquina; labios que mendigan rostros, labios, semáforos en rojo: veda abierta a los recordatorios cotidianos, insustanciales, deriva de sensaciones y un pensamiento que golpea de repente en la conciencia (tal vez risueño, tal vez inquieto). Me dejo llevar entre el gentío a otra acera y, en forma nebulosa, me desvanezco y mi cuerpo aparece lentamente en un café a orillas del río Moldava; Slavia para más señas... parpadeo y mis ojos están clavados en la portada de una revista de viajes, tropiezos de quiosco urbanos. Otra mala pasada para mi nostalgia, que abraza esta pesadumbre instantánea como la espuma del café, posándose en la taza, a cada sorbo, en el borde de mis inquietudes y dilemas.
Sí, estoy aquí, en esta ciudad que hoy me hace especialmente sensible y extrañamente compasivo. ¿Acaso has aprendido ya a vivir sin las personas?, -me interroga mi olvido, furtivo, mientras paso por casualidad frente al cementerio-.

martes, 26 de octubre de 2010

Deir Yassin


Deir Yasin, ¿qué será este nombre que da hoy título a mis palabras? Reconozco que he estado un rato navegando por Internet y me he quedado bastante impresionado; en primer lugar, por la efemérides y, en segundo lugar, por el trágico acontecimiento... Tal día como un nueve de abril de hace 62 años -concretamente, 25 años antes de que yo naciera-, tuvo lugar, durante la Guerra de la Independencia de Israel, una de las más conocidas masacres de civiles palestinos por parte de los milicianos sionistas del Irgún en la aldea palestina de Deir Yassin, a escasos cinco kilómetros de Jerusalén. 120 aldeanos, ancianos, mujeres, niños fueron asesinados; 48 horas funestas; un pueblo desprovisto de la dignidad más esencial y humanitaria: las autoridades israelíes impidieron el enterramiento de los cadáveres, el acceso de Cruz Roja a la zona y apresaron a 150 civiles que trasladaron a la zona judía de Jerusalén. Los palestinos expulsados de su territorio en 1948 lucharon hace ya varias décadas; hoy sus descendientes persisten en esa lucha a brazo partido, para romper con el estigma de ser considerados ciudadanos de segunda clase en su propio país, con las únicas armas de que disponen: evidencia y recuerdo. Frente a la amnesia obsesiva hebrea de evitar un examen de conciencia traumático. ¿Ojo por ojo?

Y mientras, en Occidente, pocos se preguntan quiénes son los palestinos, cuáles son sus raíces o su cultura...

domingo, 17 de octubre de 2010

Delirio (I)

La plenitud es ese caramelo que saboreas cada vez que no te sientes miserable; pues aún no has aprendido a descifrar la incógnita marcada, la caricia y la aritmética del beso, multitud de posibilidades para tu entendimiento: área de un rectángulo donde yace tu cuerpo 360 grados expectante; región recóndita irracional de tus instintos recientes, vértice sexual, ángulo sensual, apetito licuante... metáfora orgásmica de tus deseos más turbados, diminutos y etéreos. Esto no es la leyenda, minúscula, impresa al pie de ningún cuadro de Dalí; tampoco es anatomía abstracta, simplemente un delirio.

sábado, 16 de octubre de 2010

A Flor Máis Grande do Mundo

A Dietrich.

El azar ha hecho que me acuerde hoy especialmente de esta singular historia, A Flor Máis Grande do Mundo. El motivo importa poco, pero me ha hecho reflexionar durante unos minutos sobre el hombre y su evolución filosófica, conductual, su manera de reivindicar los valores más esenciales, éticos... Cuando somos niños, la inocencia y la capacidad de asombro son dos de las facultades más tiernas y humanas que no deberíamos perder al ‘desterrarnos’, supuestamente, a la conquista de hacerse adultos. Uno se olvida a menudo de lo insignificante y diminuto que puede llegar a sentirse regresando a la infancia o tal vez no; en ese caso, mi más sentida admiración para los aludidos. La flor más grande se conjuga subjuntiva, cópula de una hipérbole. Para cualquiera de nosotros que se atreva a reescribir el cuento, una vez que conozca la simiente de esta entrañable historia, Saramago -in memoriam (meam)- brinda la posibilidad de alentar este eco utópico y dar un soplo de ilusión a cada espíritu:
Érase una vez una resplandeciente mañana de sol, con un escarabajo pelotero empujando su pesada bola de excremento; y érase otra vez la lente de la lupa de un simpático anciano que lo observa y anota en un pequeño cuaderno una clasificación, tal vez... interrumpida por el motor de un coche que pasa a su lado. Pausado, el anciano se ajusta las gafas y contempla cómo el vehículo se detiene al pie de una colina. Un hombre sale del interior con una azada y sube a la cima, donde asoma un arbolito, al cual lo acompaña una tímida flor de pétalos amarillos. Mientras comienza a cavar alrededor del árbol, un niño de pelo rubio sale del coche y descubre al escarabajo; el tedio se desvanece rápidamente de su interior. La mañana transcurre sin demasiados sobresaltos, sin embargo, el anciano es el único testigo de dos acontecimientos sincrónicos y casi de la misma naturaleza: La sombra de una de las manos del niño se cierne, llena de curiosidad, sobre el indefenso insecto y el hombre arranca de la tierra el arbolito, casi sin raíces.
Al concluir la faena, el hombre desciende por la colina hasta el vehículo; guarda en la parte trasera la herramienta y el árbol. Saluda al anciano, que le responde levantando la mano también. Mientras tanto, el niño deposita en una caja de cartón al escarabajo, que ni haciéndose el muerto, logra salvarse. Una tapa agujereada es su único indulto en ese instante.
Poco a poco, el vehículo se aleja del paraje: una senda, colinas y monte de trigo dorado... El hombre sigue conduciendo, ahora por una recién construida urbanización de casas adosadas. Detiene el coche en la última y se dirige con el niño a la parte de atrás de la vivienda. Allí una mujer en bermudas ojea un folleto publicitario sobre muebles; apenas presta atención al botín del pequeño, pues sólo ve una caja de cartón con la tapa agujereada. Y la fatalidad conspira contra el niño; en un descuido, ha abierto levemente la caja y el insecto aprovecha para escapar volando... Desesperado, el niño se apresura hacia la tapia que delimita la casa; los adultos permanecen inmerso en su dialéctica diaria. Más abajo, PELIGRO, NO PASAR reza en el paisaje más cercano e inhóspito de un solar en obras. Pero el niño, bien porque aún no sabe leer, bien porque su entendimiento no atiende aún a razones o prohibiciones que coarten su libertad, salta y atraviesa el solar. Camina y camina hasta llegar a un arroyo, bordea un poco la orilla y localiza al que era su prisionero minutos antes, entretenido en otra nueva bola de excremento. Por segunda vez, el escarabajo extiende sus alas y escapa; sobrevuela el lánguido cauce y se pierde entre la espesura vegetal que hay al otro lado. El niño corre tras él, sin mucho afán; se detiene ante un árbol que hay atravesado en el arroyo... De pronto cae en la cuenta de que algo no va bien, que hay demasiado contraste: a un lado, naturaleza virgen, fresca; al otro, su orilla, un escenario baldío creado por la mano del hombre. Sonríe y cruza adentrándose en el bosque más hermoso que jamás hubiera imaginado, donde el sol parece que te invita a que levantes la mirada para que adviertas su cálida presencia. Y nuevamente la curiosidad del niño hace que su destino se cruce con el del insecto, que ya lo ha visto y se protege con una hoja de árbol que ha caído al suelo. Sin embargo, el encanto tan bucólico del paisaje hace al niño olvidarse de la caza y la corteza de un frondoso árbol llama su atención, tanto que lo acaricia unos segundos y se olvida del escarabajo. Sigue caminando, conquistando con la mirada toda la hermosura que crece a su alrededor. Ahora admira una pradera de flores blancas; el vuelo de una mariposa lo embelesa haciéndole correr tras ella... Y aprende la lección más cruel y repentina: 'lo terrible se aprende enseguida...' Por eso, el bosque se extingue, marcado por el vuelo de esta mariposa y corroborado en los ojos del niño, que enseguida descubre que el oasis donde estaba limita al otro lado con el paraje de colinas y monte de trigo dorado. Entonces, la mariposa desaparece y el horizonte ondea levemente sobre los pies del pequeño, que se detiene poco a poco a observar. Descubre frente a sí la colina donde el hombre arrancó el árbol con la azada y decide escalar hasta lo más alto. Ahora la colina alberga el hueco del árbol y la flor que había a su lado, mustia y triste... El niño se da cuenta enseguida del motivo y corre hacia el arroyo, atraviesa el bosque, se topa con el escarabajo que se cae de espaldas al verlo; toma un poco de agua entre sus manos y regresa rápidamente rociándola a los pies de la flor. Esta, al notar el suelo húmedo, alza levemente el tallo. Pero el niño sabe que eso no es suficiente y vuelve corriendo a por más agua. Esta vez la planta comienza a crecer y crecer con los pétalos mirando hacia el sol; la magia natural obra su milagro y el niño apenas da crédito a sus ojos. La sombra de la flor se extiende por casi toda la colina. La tarde va cayendo y los párpados del niño también; bosteza cansado y se deja reposar a los pies de la colina. Llena de gratitud por el gesto del pequeño, la flor deja caer uno de sus pétalos para abrigarlo.
Mientras en el jardín de la casa, el arbolito se encuentra ahora en un tiesto. Uno de los adultos comienzan a echar en falta al niño, la mujer. Advierte enseguida una pequeña escalera vertical frente a la tapia y la caja donde estaba el escarabajo tirada en el suelo. Angustiada se asoma y algo grandioso llama su atención en el horizonte. Minutos después, los dos adultos atraviesan el bosque, se detienen al otro lado, cerca del paraje de colinas y el monte de trigo. La mujer se adelanta unos pasos y descubre al niño dormido, abrigado con el enorme pétalo. El pequeño se despierta en ese instante y corre a abrazarla. El hombre se aproxima a ellos y juntos contemplan la Flor Más Grande del Mundo. Y es tal la magnitud de este asombro que todos se asoman a ver el maravilloso descubrimiento; incluso el anciano, que se dirige hacia el gentío. En el horizonte, el sol se recorta entre las colinas y la esplendorosa flor...
Al día siguiente, la pareja y el niño pasean por el bosque y se cruzan con el escarabajo, empujando otra vez una bola de excremento; pero esta vez el insecto se queda atónito al ver que el niño lo saluda con la mano mientras se aleja.

"¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?"
Precisamente por eso, debiéramos tenerlo presente en muchas ocasiones, aunque queramos nombrarlo como una ILUSIÓN. Porque no hay mayor valentía que la INOCENCIA ni pureza que la SENCILLEZ.

jueves, 7 de octubre de 2010

Solitud literaria

Y me dices que nos vemos, como quien vuelve a casa porque se le ha olvidado algo poco antes de marcharse a trabajar; ¿será el guión que obedeces irremisible, minuto a minuto? Pintan tablas nuevamente. Hoy tu mente es un sudoku de nivel experto y tus párpados te van marcando la suave melodía del cansancio; una burbuja que flota, frágil, vulnerable y en peligro de extinción... mosaico de espejo donde nada es lo que parece, nada es principio y fin. Las apariencias nunca son idénticas, aunque juegues a intentar averiguar la cuestión fundamental. A menudo te consuelas con el recordatorio atávico de tu escritor de cabecera y hoy, precisamente, consideras que se ha cumplido otra injusticia porque seguirá sin ser galardonado con el Nobel de Literatura. En realidad, cada año se repite la misma anécdota: lectores de novedad, infieles; lectores de temporada otoñal, lectura caduca de hojas que no comprenden y trofeos alineados en estantes que decoran tu pretexto intelectual. ¿Nos vemos? Érase una vez la primera página de un libro esperándote.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Thin Ice

Y una vez que la tormenta se haya ido, no te acordarás de cómo hiciste para sobrevivir. Ni las huellas del amor entre las sábanas ni segundos que agonizan a otra cita... Mirarse en el espejo te resulta un ejercicio cada vez más insoportable de contemplación; la trampa siempre estuvo en parecerse a los mayores, decía la novela colombiana y aquí no hay más magia que la realidad. Entonces, empapado por la lluvia, tu alma llorará herida a causa de la angustia que te provoca el eco a la deriva; al principio fue la luz y al final, tras varios minutos y el punto y aparte de todas las historias, oscuridad. Las tardes te asaltan bisiestas con la misma cuestión, te interrogan, tu ausencia y el tiempo hacen de testigo en el estrado de tu soledad. Y cuando esté visto para sentencia ese pensamiento, lanzarás los dados y jugarás y apostarás a que vas a dar el primer paso a otro ciclo -as a funeral drum-; fallarán en tu contra intenciones, anhelos, pesadumbres. Tras la tempestad, el indulto motivador que disipa tu cansancio humano.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Ciudades invisibles (III)

En la ciudad que nunca duerme, las calles rotan incesantes como puentes levadizos y su chirrido resuena horizontal y oscuro; el gentío bulle con su toque de queda alcoholizado en las plazas y los parques. Las ventanas jadean, se estremecen, dejan escapar pesados sueños; algunas parpadean tenues de angustia, soledad y maltrato. Otras, se ofrecen por renta baja, persianas para la resaca y retretes claustrofóbicos. De las cornisas más antiguas, cuelgan seculares estandartes de insomnio, miradas de espíritus bohemios que gozan contemplando los latidos urbanos, alma de lobos solitarios enfermos de nostalgia...

domingo, 12 de septiembre de 2010

Test de confusión

Me confieso remitente de los hechos, del mensaje sin palabras cotidiano que nos marca la rutina; también soy cómplice de ideas preconcebidas mudas; golpes bajos en la autoestima; comunicarse cotiza en la moral más reflexivo que recíproco. Uno suele pagar los platos rotos con un cheque en blanco de ignorancia, disfraz ingenuo... Bolsillo de reproches, culpas de ida y vuelta que desinflan el ánimo. Sobre el tapete de la conciencia, uno desliza la mano por los naipes de la razón, observa una, otra y otra... el motivo más digno para justificarse sosegado. La canción sin estribillo, indiferente. ¿Qué me quieres, arrogancia? Otra indiferencia.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Vera libertà



Tan lejos, tan cerca de UNO MISMO, soledad.


Cuesta reconocer que aún seguimos buscando ESE LIBRO


que nos sosiegue el alma.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Niedersachsen

Como era costumbre a media mañana, el vestíbulo del sanatorio se encontraba inhóspito. La tímida luz del día penetraba por los visillos de los ventanales y se proyectaba de manera concienzuda sobre la pequeña mesa donde reposa a diario la prensa. Así eran las instrucciones designadas por el doctor Fäbern, psiquiatra jefe, al personal del centro. Todo colocado en su sitio, sin sobresaltos, manteniendo la armonía y el ritmo pausado y calmo de la gente de las montañas. Tal vez esto no deja de asombrar aún a los pacientes: la serenidad del clima, templado que fortalece sanamente el espíritu, dotándolo de una paz especial, contemplativa hacia todos los ámbitos cotidianos: el aseo, las horas de reposo en la terraza con los ojos cerrados, las conferencias eventuales del personal médico y, sobre todo, las cenas y los paseos por el bosque cercano a las instalaciones. Sin embargo, este carácter afable y distendido parece disiparse conforme uno se aleja de la montaña; la guerra seguía haciendo estragos, a pesar de haber acabado hace unos meses. En la región flotaba una atmósfera de incertidumbre por las secuelas del desastre provocado por el ejército de los aliados: Emsland, Diepholz, Nienburg Wesser, Vechta, Osnabrück y un largo etcétera de distritos rurales y ciudades...

Hermann está de visita, viene para pasar dos semanas con su primo Thomas, que está ingresado por prescripción del doctor de la familia. De visita... al menos utiliza esa respuesta con cada persona que lo interroga cuando se encuentran por los pasillos del edificio; con más frecuencia, las enfermeras y alguna que otra paciente de aspecto desaliñado y febril lo inquieren con la mirada, desconfiando. Lleva poco aquí, pero ya ha tenido tiempo de rastrear con la mirada pequeños detalles sobre el funcionamiento de la institución; a las diez y cuarenta y cinco se apeó del tren en la coqueta estación del pueblo y Thomas ya lo esperaba con cierta expectación bajo las solapas anchas de su abrigo y una bufanda a cuadros. -¡Ya estás aquí! Hace unos veinticinco minutos que te espero en el andén-, insinúa con entusiasmo al tiempo que se apresura a tomar el equipaje de Hermann, modesto y proporcionado. Thomas lo agradece, pues su estado de salud se resiente mientras asciende con la carga hasta lo más alto de la montaña, sobresalta sus pulmones y le provoca una tos seca e intermitente.

Tras la dura caminata hacia el sanatorio, Hermann ya aguarda en la habitación numerada que le han asignado; han pasado unos noventa y cinco minutos desde su llegada. Una vez recuperado del esfuerzo, Thomas llama a la puerta, aseado y con el pulso más calmado, entra silencioso. ¡Querido primo, te encantará conocer al doctor Fäbern!, es el psiquiatra jefe del centro; pero, por encima de su condición profesional, es un hombre especial. Ya verás cómo te agradará conocerlo. En el fondo, Thomas no padece ninguna patología psíquica, simplemente sus pulmones se fatigan con facilidad desde hace unos años y ese es el motivo de su internamiento en este centro de reposo. Su neumólogo, el doctor Bernhof, lo ve un par de veces por semana en su consulta, siempre a la misma hora: once y treinta y cinco de la mañana. El pronóstico de Thomas sigue siendo ambiguo: dentro de lo previsto, acorde a la evolución de su dolencia, según el doctor.

En breve, los dos jóvenes salen al pasillo y se dirigen al comedor, donde se reunirán con el grueso de pacientes en torno a seis mesas rectangulares. El silencio impera en la estancia, una sala más larga que ancha con tres ventanales similares a los del vestíbulo, sólo que en lugar de estar orientados al este, lo están hacia el punto opuesto. Tanto el personal sanitario como el equipo médico se apresuran siempre a comentar dicho detalle a los pacientes recién llegados; a Hermann le resulta curioso. Ahora que está sentado degustando su primer almuerzo, cae en la cuenta del comentario y contempla distraído la maravillosa vista que ofrece el comedor. Fuera, se extiende un frondoso valle que desciende hasta la periferia del bosque. Casi todas las tardes, el leve rumor de la rivera sirve de melodía anestésica durante la sesión de reposo. Después, el ocio preestablecido se interrumpe con el espontáneo y breve interrogatorio del doctor Fäbern a cada paciente. Las partidas de ajedrez o de bridge dejan paso a las preguntas tópicas: ¿Cómo se encuentra hoy, Frau Mylendok... Signore Mirabili, come vai...? Monsieur Foirest... Madame LeRoy... Mister Grant... joven Thomas...? Todo transcurre habitualmente y sin magia, la tarde enfría cada rincón del sanatorio; los pacientes comienzan a peregrinar, nuevamente aseados, hacia el comedor para probar la cena. Un tímido murmullo concluye con el postre y los pasos de vuelta a las habitaciones. Después, noche y silencio gélido.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Lobo solitario. (Memoria semántica)

¿Crees que cuando salga esto tendrá el mismo sentido? Dos entendimientos en busca de la salvación cuya búsqueda no existe, pues no salva nuestras almas: no puedes huir de ti mismo, aunque corras o te escondas. Cicatrices de otro Auschwitz en conciencia, sombra y preso de tropiezos, olvidos y mensajes manuscritos adheridos a la puerta de tu frigorífico. -Te asola esta escena porque, tal vez, es fruto de tu propia desolación-; vuelves a este interrogante... y la cocina, desenfadada, te ofrece el café, generoso y con tostadas. Y regresa a tu mente otra idea, abres el congelador y permaneces absorto varios segundos contemplando la escarcha de tu materia gris; carne troceada y plastificada sepultada bajo paquetes y cubitos de hielo... ¿Sigues convencido de tu condición? Por más que aúllas, la correspondencia se empeña en aburguesar tu identidad; la noche sigue siendo tu partida de ajedrez particular; la ciudad, invisible y ausente, entorpece tu aliento bohemio, enroque de conquistas de antaño... La conclusión más reciente es la ausencia, género femenino y singular, disección sentimental y sorda en tus afectos. Amar, con toda su inmensidad, insistes en que sea tu apuesta extrema que anestesie tu ego iluso. Ahora basas tu nueva etapa en pretensiones porque consideras que ese intento es el principio de tu victoria. Sin embargo, eres todo lo que crees que soy y ese bálsamo, aunque agrade a tus oídos, apenas satisface al testamento de tus anhelos y caricias... ¿Sabes? He pensado muchas veces en reescribirte, corresponderte, pero me lo impide la sensación de inseguridad y el convencimiento estúpido de creer que ya no será lo mismo. La evidencia de reflejarme en unas líneas manuscritas, el pudor de sentirme desnudo semánticamente. Y me asalta la duda de si, con estas palabras, me comprendes. Touché, échec et mat!

martes, 31 de agosto de 2010

Estiado

L'ultimo giorno dell'estate piano, piano... paso página nuevamente a otro capítulo cálido, già è arrivato. Esta vez con una sensación más familiar. Dejo reposando acontecimientos, atardeceres, recuerdos... Tras un breve descanso vacacional, me detengo, reflexiono, contemplo esta página en blanco y un suspiro me desvanece. El eco de la rutina parece reclamarme; me distraigo recordando escenas y escenarios, cuerpos, miradas, rituales de playa y arena flotando en una atmósfera añorante... bostezo en un deseo que se esfuma, húmedo, efímero y persistente. Olas. Ecos felices que confunden la conciencia: sueños, esperanzas.

La ilusión se me otoña sin quererlo y la melancolía se me va derritiendo irremisible, helada.

martes, 17 de agosto de 2010

Jornadas de a pie (IV). Epílogo

Con el tiempo, la experiencia trasciende; sin quererlo, toma protagonismo y uno se convierte en mero intermediario entre los valores que ha aprehendido y aquellos hábitos, sanos, cotidianos cuando se pueden, que le recuerdan la metáfora que ahora es. Como decía el escritor: yo también quiero ser constructor de recuerdos futuros. Quiero sentir el eco de los pasos, la humilde recompensa de un aldeano que alimenta el espíritu peregrino; poder contemplar el mar allá en Fisterra, desde aquel rincón donde las olas susurran distinto... gozar libremente de la lluvia, del torrente de un arroyo gélido; descalzarse y reposar en una roca mientras los pies cobran ánimo para seguir. Y sin ser creyente de dogmas establecidos, uno guarda como un rosario anécdotas y anécdotas y más anécdotas: ampollas en cualquier parte imaginable de los pies, de todos los tamaños; horas inciertas de soledad con uno mismo; almuerzos y cenas aderezadas de trato humano y cálido; la ilusión de vivir sin ataduras de tiempo, plenos, contemplando las horas en la luz que marcan los días... a veces, en el reloj de una plaza y otras en el tañido que marcan unas campanadas que rompen la quietud de un pueblo. Y echando la vista atrás, hay detalles cotidianos, que suelen pasar desapercibidos por el desapego humano a lo natural, a la sencillez de las cosas: levantarse temprano con un propósito, ser testigo de otro amanecer, respirar la frescura de la mañana; reiniciar los pasos hacia la aventura... Pero también uno baja los pies al suelo y siente la llamada del Camino, porque necesita pretextos, justificaciones, retos; en ocasiones, apartar de la mente la envidia sana de otros que están viviendo la experiencia; alejarse de este mundanal ruido que nos impera y, mientras sea posible, vivir con este convencimiento.

lunes, 16 de agosto de 2010

Ímpetu

Hay respuestas que provocan vértigo en cuanto se cierra un interrogante y rostros en los que necesitamos encontrar la luz que nos aclare la confusión. En ocasiones, quien menos lo merece se convierte en blanco de nuestras iras más espontáneas, del pretexto de unas emociones que bullen como el sudor por los poros... y en la conciencia, más tarde que temprano, uno cae en la cuenta de que no debió ser tan duro oralmente. Pero otras veces el ánimo se desvanece como cualquier tarde de domingo; unas veces nublada, otras soleada y con una invitación a pasar página a una semana nueva... Mientras, fingimos que no hay tregua y creemos estar convencidos del final, de un cambio. Porque, en el fondo, eso es a lo que menos está acostumbrado uno, quizás más por pereza que por cobardía. Y tal vez sea la carencia o la lección que uno nunca termina de aprender para seguir contando: nos puede más la pasión por estrechar con fuerza el tallo de una rosa que, simplemente, admirar su belleza y apreciar su aroma.

martes, 10 de agosto de 2010

Jornadas de a pie. (III). Reencontrarse

Sé que dejo algo allá donde voy, pero esta vez no es la tristeza ni la añoranza. A menudo las confundo y de mis manos escapan. En cualquier lugar siempre queda algo, algo parecido al temor que respiran los niños en noches frías y húmedas, algo que ya se me está escapando...
Los pasos tragan arena y la garganta llama a la sed; la verdad espera siempre en la esperanza, la esperanza guarda siempre soledad. Dentro de esta se encuentra siempre compañía que la abriga y un hueco diminuto, el quejido de una roca se hace arena; una puerta espera quieta despertar...
Y al abrir esa puerta, aparece. Sólo un giro me separa lo brotado y un gesto sencillo y descalzo alejan mis pasos... y el temor de no encontrarme con mi espalda no mitiga las ansias, la sed que surge en el Camino.

martes, 3 de agosto de 2010

Simulacro poético

Aunque no lo sepas, soy el verso

del poema que aún no he escrito,

soy la angustia que me asalta;

aunque no lo creas, siento la distancia

que separa dos afectos,

soy el muro más culpable construido...


Leía estos versos arrugados en el suelo mientras caminaba de vuelta a casa. Me dio la impresión de que alguien se encontraba bloqueado, falto de ideas y con cierto desencanto en lo más recóndito de su espíritu. Quién no, que levante la mano empáticamente... A veces, en los momentos más caprichosos de abordaje y soledad, uno se contenta con mirar al cielo y mimetizar su ánimo, caótico, disperso y errante, con las nubes. En otras ocasiones, uno no presta la suficiente atención a detalles sin sentido con los que tropieza mientras deambula invisible por la ciudad. Sin embargo, su imaginación es capaz de construir la historia más fantástica y fugaz tan sólo imaginando... ¿evasión o victoria? Y a menudo busco por las calles el azar de una moneda que me dé la cara y me confirme otro deseo.

Darine suele recordármelo cada vez que me aproximo a la orilla de Palermo; cuadra tras cuadra, siembra de dudas mi intelecto y me reta al poema que todavía no creé... o quizás no creí (componer), maestro. No sé, hay mafiosos con uniforme que manejan por la ciudad torciendo la vista a los libros que se posan en las aceras y los parques. Y alguien desconocido se levanta de un banco, taciturno, y arroja al suelo una hoja de papel que se pierde...

jueves, 8 de julio de 2010

Gioia quotidiana

Hay veces que uno contempla el gesto más tierno de un niño, confunde una sonrisa con la suya, canta, se asombra e interpreta la simpatía más impar jamás imaginada. Las tardes llegan puntuales, como las agujas del reloj, papillas y biberones se entretienen haciendo preparativos más cotidianos, buenos días de guardería... También hay días en que las horas olvidan los nombres y escucho monosílabos en pañales, repetidos en susurros... se me despierta entonces la alegría y otra vida juega a sonreírme.

sábado, 3 de julio de 2010

Jornadas de a pie. (II)

Hoy el día se me vino encima de cansancio, la jornada realmente fue maratoniana. Salimos bien temprano, apenas se vislumbraban los primeros rayos de sol estivales y era la quinta jornada caminando. -Dicen que no hay quinto malo-, pero la etapa resultó ser un desafío físico: por delante, 35 kilómetros, paso tras paso: de Ponferrada a Vega de Valcarce... Y a la postre, también se convirtió en la más larga de cuantas recorrimos.
Como decía, madrugamos nuestros pasos dejando atrás, poco a poco, la meseta leonesa, Ponferrada y el rumor del Sil sobre la mismísima colina donde se alza su majestuoso castillo, monumento de espíritu mutable, pues en un primer episodio fue castro prerromano, luego ciudadela romana reconstruida y fortificada en la alta Edad Media, más tarde donativo de los monarcas leoneses a la Orden del Temple, cuyos caballeros tenían la noble misión de socorrer a los peregrinos que pasaran por el territorio...
Columbrianos, Fuentesnuevas, Camponaraya, Carracedo, Cacabelos... municipios de paso, cada uno con su encanto: arte sacro, románico y monasterios salpicados aquí y allá. Por nuestra senda, frondosos viñedos anunciaban que estábamos próximos a Villafranca del Bierzo; de nuevo otro castillo nos sorprendía en el camino, este medieval, imponente pero con menor trayectoria histórica. Muy cerca, parada y fonda; el esfuerzo debíamos recompensarlo copiosamente. Tras una cordial bienvenida, el singular anfitrión del albergue, un hombre afable y de gran hospitalidad, nos ofrecía un almuerzo a la altura de las circunstancias, digno pero sin ostentaciones. El descanso nos pareció breve, pero teníamos que proseguir, aún nos faltaba un tercio para finalizar la etapa. Sin embargo, este tramo me decepcionó profundamente, la tarde se iba apagando y nuestro horizonte más próximo se había convertido en una línea gris de asfalto y estruendo de camiones pasando a gran velocidad. Derrengados, dimos por concluida la jornada en el albergue de Vega de Valcarce.

lunes, 28 de junio de 2010

Jornadas de a pie. Efemérides.

El hombre, como ser errante a lo largo de su existencia, a menudo se afana por conservar ciertos instantes que la memoria, caprichosa, intenta dotar fugazmente en las experiencias como trascendentes.
Me levanté sin la costumbre de otros días, monótonos y mecánicos. Había tomado la determinación de hacer balance de los pasos recorridos, citar en forma de caricia el sueño de esa noche. Quería rescatar de mi mente a ella, esa noche femenina y susurrante, galega. -Una extraña y confortable felicidad asoma a mis labios, torpe y cándida, cada vez que recuerdo que fui testigo de esto que escribo; en ese tiempo en que la memoria juega a conformarse de melancolías y anhelos que, con los años, se desvanece como fuegos de artificio, fugaces...- Crepitaba el suelo noble y viejo de madera con nuestros pasos en aquel apartamento que afortunadamente nos invitó a entrar; ya otros pasos nos habían conducido a Santiago. Y tropezaban, de tanto en tanto, las miradas mientras completábamos el ceremonial funesto del equipaje, que dejaba de ser cotidiano pero bien cargado de vivencias en el momento de la partida. Yo, entonces, miraba absorto las paredes, el colchón y una manta oscura a cuadros. Esa calidez y confort que da un hogar volvíamos a recuperarlas después de casi dos semanas de Camino y dormir alternando suelos fríos y literas en albergues. Sin apenas mobiliario, la habitación guardaba esa armonía que, raras veces, sentimos en el alma: esencia sentimental. Invisible. Idéntica sensación bien temprano, la mañana que saludábamos a esta ciudad eterna, convertida por las circunstancias en etapa final de la aventura más asombrosa e irrepetible de mi vida.
Y en pocas horas, el escenario propicio para un hasta la vista: andén y raíles de una estación... susurro intermitente y efímero.


Estampa adolescente

Estoy buscando algo que me han dicho
importante, inteligente,
pero no sé ir más allá: de los labios añorados,
de mil besos reclamados de tus manos desnudas...
Estoy buscando esa parte de mí
que siempre escapa, ¿o fue el descubrirlo?
Espejo de ilusiones, caricias sinceras de almas confusas.
Y en esta derrota, la distancia que separa
tu esperanza de la mía:
el sueño de ESTAR BUSCÁNDOTE.

lunes, 21 de junio de 2010

Memorial y Saudade

Sólo hace tres días que se ha ido y confieso que aún no doy crédito; mi más sincera gratitud por sus palabras y su discurso: honesto y consecuente. Cierto es que tenía la capacidad de exponer, analizar y describir la realidad con transparencia, podía contagiar su capacidad de asombro de niño; en el mismísimo bosque de párrafos, las parábolas que daban cuerpo a sus obras, su puntuación caprichosa... latía el espíritu de un hombre humilde, sensible y comprometido; capaz de plantear hipótesis metafísicas irreconciliables con la sencillez más cotidiana, porque todo fluye y pasa también con o sin arrogancias, inquietudes, tedios, anhelos...
No pasa el tiempo, este únicamente nos trae. Probablemente, por nuestra condición, debiéramos prestar más atención a ser personas.
Y a menudo he tenido la impresión de que le veían como un signo de interrogación, premiada anécdota "novel".
OBRIGADISIMO, señor Saramago.

miércoles, 16 de junio de 2010

High Hopes

Hoy me he levantado con el universo aquí al lado, entre arrugas de sábanas a mis pies, el reclamo tierno de mi hijo en su cuna y algunas horas de sueño en el débito, -pero no pesan, no, ni lamentos ni aflicciones... ¡lastre, lastre!-. En la radio suena distinta la rutina sintonizada; la voz del locutor emite un mensaje que apenas descifra mi conciencia: ¿tiempo de crisis, fusiones frías, decretos, sentencias, decesos...? ¿Violencia de género? Batallas de tamaño singular que castigan la inteligencia de las emociones. Y salgo a la calle temprano, con la esperanza en el bolsillo tintineando como monedas sueltas, el humor flotando sobre la epidermis; desayuno confianza, por una horas puedo apartar mi mente del trabajo, cotidiano. Almuerzo y siesta: admito que son la mejor recompensa de mis placeres mundanos. Es importante renacer cada día un poco, aunque no seamos conscientes del todo, aunque tengamos la sensación de que se ha repetido el mismo capítulo de nuestra vida. Cae la tarde, el sol pone su punto y seguido a cada página existencial. Quiero ser un libro abierto, resplandeciendo, parpadeando.
''NUNCA SE DA TANTO COMO CUANDO SE DAN ESPERANZAS''

lunes, 14 de junio de 2010

Hados, Hades y hadas

Los finales, los destinos, las derrotas, las pérdidas, las ilusiones a veces dialogan en el mismo idioma letal, pero uno tiene la sensación de andar perdido. Y creer más allá del conformismo de una meta; y el desenlace parece la sombra de un juego de lágrimas; trío de haches de este póquer mudo, como si fuera una apuesta interesada, dimensionada de egos: azar, mutación, sueños. Metamorfosis aullante del verso, quimera... No acostumbro a despertar soñando. En esta orilla de confusiones de crisis, sentencias y panoramas frívolos, cualquiera te cuenta una historia y la transforma en un libro: infierno, hado apasionado, peterpaniano. Barrie siempre tuvo razón: Nunca jamás.
¿Miedo? -increpa Hook a Peter-.

jueves, 10 de junio de 2010

Herida

La espera insomne de tu llamada prometida, ilusa para el goce de mi ensueño; resuena pueril en la memoria de mis anhelos... how long! Recreo de mis venturas, batalla de mis desvelos: nocturnos, sudores, sueños húmedos... Naked like one of your hands?
Hoy he recibido, inesperedamente, una de tus máscaras... mapa humeante de tu anatomía.

miércoles, 9 de junio de 2010

Con-fianzas

Postal como un grito africano, tribal. Aduna sunuy, amanece otra esperanza árida -odisea de los más miserables, cuya apuesta al seis (cayuco) se salda con su propio eco agonizando en cualquier horizonte. Porque Aduna Sunuy es la fianza que pagan los más pobres en Dakar... 'nuestras vidas'.-
En esta parte del mundo, sostenido por un bienestar de falsedades y artificios, la injusticia se presenta con frecuencia, seduciendo a la compasión más conmovedora como si fuera otro instinto... spot humano. Y la palabra confianza se hace frágil y sensible estereotipo. Y nos congratula saber que nacen profetas, quijotes contemporáneos de causas menos perdidas de sangre, sudor y mucho altruismo.
Y en otro rincón sánscrito, Mumbay despierta cada mañana en bostezos de slums humildes...
Shubha prabhaat!

lunes, 7 de junio de 2010

Abismos

Parecemos, ya ves, dos extraños reza, caprichoso, este preludio estival de ojalás y todavías que golpean de apariencia estos instantes; ¿cómplices miradas, horas mudas y arrogantes? No volver es la distancia más romántica, más canalla y desesperada del bolero, del tango y el blues. No more...
Jugamos a pactar que nos hemos conocido... Y nos da por pensar: alguna vez fuimos oasis; aislados en el desierto de la conciencia (del sexo), sedientos por la incertidumbre carnal; nuestra esperanza más fiel apenas supera el diámetro de un hormiguero... Y sentimos espejismos.
¡Ausencia para los necios destinados! Siempre: dimenticando quello che non si sa...
Y el eco de una posdata, nuevamente: gracias a Dios, no soy Buñuel. Soy ateo confeso.

viernes, 28 de mayo de 2010

Fe legada

Viernes por la tarde; su conciencia adormecida vuelve a flotar a la deriva, en soledades de antaño, recreos sensacionales de su ego estepario, huraño y pedestre. Las calles tienen el antojo de atardecerse como el ánimo tras un café intempestivo y, su alma, mal reclamo para esta urbe posmoderna, pugna contraerse, doble o nada de ilusiones. Este lobo aúlla sus anhelos por demoras desechables, reciclando penas, desencantos que alienten su arrogancia loca, seducida por la balada de un polaco porteño, ¡qué sé yo! Perspectiva de nido ridículo, atalaya de hormiga...
¿Cuenta del ayer, Jugador? Así lo han llamado en contadas ocasiones. Apostó amar lo que no tiene, sin rimas; legado solemne del poeta: verso.

jueves, 13 de mayo de 2010

Jornadas de a pie. (I)

A estas alturas, la memoria se esfuerza por sacar a flote recuerdos de aquella aventura inolvidable e irrepetible: ¿fruto de la nostalgia? ¿Reclamo del Camino? Sensación difícil de explicar a quien no ha vivido esta experiencia.

Era la tercera jornada del Camino, sí. Recién levantado el sol reemprendimos la marcha, dejábamos atrás Rabanal, una cena que pareció más suculenta por el apetito que por lo que tomamos y la huella fría en la espalda del suelo donde dormimos. Julio no despierta de igual calor, la brisa matinal te mantiene despierto hasta que el sol te fustiga a mediodía, pegajoso y sofocante. Entre medias, horas de sendear montañas, cortafuegos y dejar deambular la vista por el horizonte; tan lejos, tan cerca de uno mismo en plena naturaleza. Puerto de montaña, monte Irago: La Cruz de Ferro. Infinitas historias resumidas en una inmensa peana de cantos al pie de un crucero de cinco metro de altura. Al este, Foncebadón, pueblo medieval, de huella desahuciada por la historia de los hombres, al borde de la desaparición; cuando lo atravesé, apenas existía trazado de calles, más bien maleza y peñas acá y allá. Y el único vestigio era una casona de piedra habitada por una señora, con pinta de vaquera, y los ladridos pulgosos de un perro... Por suerte, los años y la voluntad de los hombres del Camino le han devuelto cierto esplendor. Me llegan ecos de que han restaurado un antiguo convento; se ha levantado un albergue de peregrinos y hasta existe un restaurante... Al oeste, la entrada al valle del Bierzo. El viento silba fresco y se respira la quietud del paraje.

viernes, 7 de mayo de 2010

La historia se reinventa

Últimamente, no sé si por casualidad o simple inercia de los acontecimientos, leo en la prensa noticias de las que apenas salgo de mi asombro. Y dicho estado de perplejidad desemboca con frecuencia en la misma conclusión: nada de lo que ocurre es permanente y/o definitivo, ¿o sí? Parece como si la H Mayúscula de la palabra 'historia' hubiera ido menguando en estos tiempos o la C de 'cultura'. [...] Todas esas lecciones escolares aprendidas de memorieta, todos esos conocimientos obvios, rotundos o de perogrullo, pueden tener las horas contadas y pasar a ser meros hechos cuestionables, revocables. Se me ocurre pensar, además, que la culpa de esta reinvención del pasado más remoto es de las nuevas tecnologías; prehistoria que tendrá el futuro, del ayer de hace pocos días recién desempolvado... A saber: el nacimiento de un río, por arte de imagen de satélite, ha 'renacido' en una sierra más al este de donde, hasta ahora, brotaba; o aquella obra literaria, de toda la vida anónima -como si eso la dotara de mayor prestigio o reputación estilística- ahora ya tiene nombres y apellidos. ¿Fiasco, desencanto? Nihil novum sub sole. Ego dixit.

lunes, 26 de abril de 2010

Recuerdos, olvidos y viceversa

Leí hace mucho tiempo cierto comentario de un cantante muy famoso; su mensaje era demasiado comprensible para entenderlo a simple vista. La vida es lo que pasa entre tú y yo cuando no estoy; entre tú y yo cuando tú no estás.
Tal vez la vida quiera componerse a menudo de ausencias y presencias. Lo extraño es categorizarlas, en momentos concretos, en etapas determinadas de la existencia de cada uno a través del complejo código del amor; de miserias imaginables, incoherentes; de anhelos apenas saciados, compasiones consentidas, credos, revoluciones, fascinaciones de mitos, egos que guardan el equilibrio sobre pedestales de papel... sueños de conciencia infantil y cándida. ¿Melancolías? ¿Tristezas? ¿Pesadumbres? ¿Empatías? ¿Afectos? Impulsos que juegan a mantenernos vivos.

sábado, 10 de abril de 2010

Otro Algarve

Confieso que guardo un recuerdo vago de este rincón peninsular; ha pasado ya más de una década. Lo voy a definir como 'otro' Algarve, por la singularidad del paraje donde estuve acampando, ajeno al bombardeo urbanístico y al bullicio de turistas de la costa. Monchique es el pueblo más próximo al bosque donde nos instalamos. Me llamó gratamente la atención una de sus calles periféricas, en pendiente, una pescadería muy humilde compuesta únicamente por un diminuto local alicatado y un simple mostrador de piedra; la dependienta era una señora de pelo cenizo escondido bajo un pañuelo, un mandil claro contrastaba con el riguroso luto. Enfrente, un despacho de pan invitaba a comprar alguna pieza recién hecha. Del otro lado, hacia abajo, la pendiente desembocaba en una coqueta plaza donde presidía un café el juego incansable de las palomas, que se tomaban la libertad de posarse sobre las mesas y merodear peligrosamente en torno a los pies de la clientela. Doy fe de sus vuelos caprichosos mientras saboreaba el desayuno. Poco después, mis pasos me llevaron hasta la oficina de correos. Un diminuto local rectangular cuyo mostrador se extendía de una pared a otra; es curioso, porque me sorprendió la entrada, un portalón viejo y de gran altura... Allí estuve varios minutos anotando palabras en una postal. Por aquel entonces, la correspondencia era uno de mis hobbies favoritos aparte de la literatura.

viernes, 2 de abril de 2010

Kizilay

Pocos conocen este bulevar otomano en el corazón de la capital turca. Metrópolis atípica, llena de contrastes, humildes y exuberantes por igual; personajes pintorescos y austeros. Fluir incesante de transeúntes. Si no fuera por los modelos de automóviles, los taxis serían como los neoyorquinos, pero sólo en el color; aroma de baklavas asomando por las pastelerías selectas y sofisticadas; dönner kebabs salpicados por las esquinas, fachadas de cristales opacos que dan mayor amplitud a este singular corredor urbano. De arriba a abajo, aparte de la sinfonía inacabada por el tráfico, destacaría el vaivén incesante de estudiantes, jóvenes de atuendo oscuro con pañuelo a la cabeza; otros, 'disfrazados' de Erasmus, sus rostros y apariencia los delatan, ciertos especímenes en extinción por estos lares... Guardo especialmente un recuerdo de Kizilay. Deambulando... topé con una librería e hice realidad el deseo de una amiga: comprarle Küçük Prens -El principito (en turco)-. Ah, era primavera, hace unos seis años.

jueves, 25 de marzo de 2010

Lobo solitario


Esbozaba la estúpida sonrisa de la derrota; resignándose, pensaba que había aprendido ya a asimilar ciertos golpes que lanza el destino. Sentía el alma de papel, rasgada y difuminada como confeti. Mantenía la sensación de otras fechas: inmerso en mil y un pensamientos insomnes, sin tregua y con la conciencia anestesiada de principios y propósitos. Recordarla parecía la consigna que lo impulsaba a seguir existiendo; a lo mejor magnificaba su presencia y ese era el código que podía descifrar los síntomas de su delirio. Por momentos la nostalgia le hacía deambular horas y horas en la ruleta rusa como una bala, exiliado en su jungla urbana... sin embargo ni el cansancio ni fumar compulsivamente calmaba su ansia. El humo de sus cigarrillos lo hipnotizaba; anclaba una y otra vez, de manera inconsciente, su autoestima en la terraza de sus confesiones, de sus pactos espontáneos con la camarera, por una copa de más... Gozaba también perdiéndose en garitos oscuros, entre la multitud de cuerpos ociosos dispuestos a congeniar mientras la música sonaba irrespirable; se compadecía a menudo del escaso talento y gusto musical que imperaba. Y en esa atmósfera, su instinto lo interpretaba como un reto necio por alcanzar la barra, atestada de ingenuos cazadores en busca de presa... Antaño él también había sido como uno de esos jóvenes que afronta la conquista como una simple apuesta, de sexo de retrete alcoholizado y con minúsculas. Las cosas habían cambiado mucho... De forma inesperada le asaltaba la duda de los años, tal vez el cansancio de ser hombre, solitario.

martes, 16 de marzo de 2010

Silencio confuso y triste



Si me encuentras al borde una palabra, sabrás o no que ando falto de ideas, a esta orilla del mundo, náufrago... jugando con tus nostalgias, como un recreo sin patio ni bocadillo... ¿Lágrimas? Soy un vaso vacío, un eco en un susurro tirado en la acera... busqué entre tus cartas la caricia que anhelaba y lograste desnudar mis confesiones. Y por más que lo intente, mi silencio es la utopía de una calma; la confusión y la tristeza de un día menos para perderme en mis pensamientos.

domingo, 14 de marzo de 2010

Sorpresa en la prensa

Cada cierto domingo, me gusta apartar mis ojos de las páginas de un libro y fijar mi atención en lo que ocurre en el mundo, dejarme atrapar por el encanto de las páginas del periódico. Tiznar mis pulgares de tinta y sumergirme en la lectura de textos maquetados en columnas... Curiosamente hoy ha sobresaltado mi intelecto un artículo que, sinceramente, rompe con la idea que hasta ahora mantenía como aprendida en el bachillerato: Ahora resulta que aquella obra literaria que estudié, leí y releí no sé cuántas veces, ya no es anónima. Por lo visto, existe una prueba evidente donde el autor hace referencia al título. Sólo falta por aceptar -a quien corresponda- que ya tiene nombre y apellidos. La historia y sus hechos, está visto que, no tienen por qué ser desde el principio concluyentes, inmutables.
Como decía el filósofo griego: La historia cuenta lo que sucede y la literatura lo que debió suceder. Tal vez se resuma en este binomio y todo cuanto sabe el hombre cuenta únicamente con el beneplácito de su humilde aprendizaje.

viernes, 5 de marzo de 2010

Ecos sabios

A menudo hago caso de ciertos ecos sabios que llegan a mi intelecto acerca de escribir. Siempre tengo presente, por ejemplo, el primero, por un motivo especial y porque considero que sigue siendo el fundamental: escribo porque es una forma de estar vivo, en el mundo. Y es cierto, no encuentro mejor argumento para mostrarlo. También me quedo con las palabras de otro escritor que, sinceramente, sólo he leído artículos y entrevistas suyas en el periódico o en suplementos dominicales. -No quiero entrar a valorar estética o literariamente su obra-. Y este lanzaba algo así como una profunda reflexión -dedicada, a mi entender-, al ser humano (lector), decía algo así: escribo, no sé si para mí mismo, para oírme lo que escribo, satisfacer a mi ego; o simplemente escribo para satisfacer a un grupo de personas que me 'siguen', que son mis lectores.
Me quedo con las dos afirmaciones y, humildemente, añado: escribo por la necesidad de serenar mis inquietudes, de dar consciencia a mis pensamientos. Como el acto de abrir los ojos y mirar. Saber y aprender a mirar.

domingo, 28 de febrero de 2010

Telebasura

¿La caja tonta? El intelecto estúpido humano, más bien. Hace años que este medio se ha convertido en un laboratorio que experimenta, cada vez con mayor asiduidad, con 'artificios' que buscan una reacción "química" que altere el nivel de audiencia. A saber: conflictos familiares que se pretenden solucionar, simplemente, cambiando de familia; personajes destacados de la sociedad mostrando su lado más humano (si es que realmente lo tienen); y por supuesto, toda una factoría de pseudoprogramas que apestan a morbo y se excusan en el espectáculo en lugar del entretenimiento sano.
Siempre que puedo, las más de las veces, hago caso del consejo del cómico: cada vez que alguien enciende la televisión abro un libro y me pongo a leer.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Certeza. -¿Demasiado obvia?-

Pasamos nosotros, los que se van,
los que mendigan del tiempo

la cordura, el equilibrio,
el bienestar. Y si nos venden un lema, ¿efímero o eterno?,

no sabemos apreciar que hay de cierto,
pero lo nuestro es pasar.

Tarde o temprano, el dinero es como el tiempo.
Se pierde y desaparece.








lunes, 22 de febrero de 2010

Sentimiento del mundo (sin N)

Hay máscaras como nidos de ave sobre el agua;

rostros que, aparentemente, permanecen intactos,

pero por dentro están húmedos de tristeza.

Pido acariciar el agua sin sentir su frescura.

¿Tal vez una utopía?

sábado, 20 de febrero de 2010

Ciudades invisibles (II)

Hoy caminaba por la ciudad con una extraña percepción de todo. Las calles se me antojaron pequeñas; los comercios han perdido ese grado de solera de antaño, esa credencial de olores y aromas cotidianos... Poco a poco va cambiando la tramoya, se suceden los escaparates, a cada cual más exclusivo que el anterior. No sé si es fruto de un proceso de elitismo urbano con respecto a otras ciudades. Ahora les ha dado por denominarlas 'metrópolis'. Parece como si hubiera que competir por algo estético, un certamen de belleza urbana al uso... Y todos los elementos escénicos van confluyendo en un circo turístico, superficial. ¡Pasen y vean qué tal luce esta urbe! Me aterra la sensación de pasear y reconocer solamente mis pasos; verme inmerso en este proceso de estandarización urbana.
(Por casualidad me detengo en mitad de una calle y contemplo con asombro... esto no estaba aquí ayer.)

viernes, 19 de febrero de 2010

Ciudades invisibles (I)

El otro día vino a sorprenderme Peter pero, para mi desgracia, no volaba y ni siquiera era el del cuento. Este Peter apenas si lo conozco: es amigo de amigos. Pronto lo he visto pasear por las calles de mi ciudad; caminaba tranquilo, en forma de sonrisa. Hubo un momento en que creí verlo volar, -me pregunto-; sé bien que no está prohibido pero no es algo usual hacerlo. Lógicamente oscureció y mi ciudad ante la tiniebla no puede hacer más que acompañarla. Para entonces no se ve nada porque la palabra luz no existe.

Me pregunto si sigues ahí, Peter; oí decir que los de tu especie no pisan dos veces el mismo sitio. Es igual, nos veremos antes de lo previsto: nunca. Los hombres de piedra están hechos de este lenguaje; para ellos es toda una satisfacción guardarla... como el sol en una botella. Los hombres de piedra nunca nacieron y nunca vivirán. Nunca esperan nada porque nada es importante para ellos. Cuando llueve, parece como si llorasen estúpidos todo lo que les viene encima y todo lo que ya les cayó. No tienen memoria, ¿sabes? Me dan lástima, pero yo no pedí que crecieran en mi ciudad; inmóviles, fríos, mártires.

Lobo (III)

...he perdido la noción del tiempo que ha transcurrido. Lo siento de manera insensible. -Paradójico-. Dejé mi puesto de trabajo en aquel periódico porque sentía que había perdido... ¡Uf, no sabes el trabajo que me cuesta poner en orden mi mente! Supongo que puedo resumir todo el cúmulo de circunstancias en la noción más amplia de la palabra motivación. Confieso que puedo llegar a resultar asquerosamente egoísta. Honesto, con toda franqueza; vivo al día y procuro sacar partido a mi condición de freelance.

Llevo unos días inmerso en la apatía, cotidiana solamente. He estado cavilando sobre un libro que leí... ¡me ha impactado como ninguno! Por un momento pensé que era Harry. Disculpa. Harry es un tipo con más de medio siglo en sus retinas... En este momento, me vas a permitir que te hable de él en pasado, más tarde te explicaré el motivo. Gracias.

Era un ser que, simplemente, tenía suficiente: no esperaba nada de nadie, ni siquiera de sí mismo. Egocéntrico al filo de la extinción; refugiado en su cultura... su literatura, su música. Esclavo, en una palabra, de nadie y de sí mismo. Me atrevo a pensar que, para Harry, siempre es tarde, aunque no espere nada de nadie. Puedo creer que su espíritu es solamente un gesto ridículo de indiferencia. Puedo sentir la envidia infantil de su carácter, no me preguntes por qué. En cierta ocasión, oí que viajar es victoria. -Sí, tal vez-. Todavía no he descubierto su significado. Harry nunca le dio demasiada importancia a esto, era su forma de vida. Sin complejos y con espejismos que siempre le aterraron...

Me hablaba mucho de las ciudades que visitó a lo largo de su vida. Me pregunto si él venció antes de que le llegara su hora. Seguro que se sentiría feliz si conociera mi ciudad. Lo cierto es que Harry, pese a ser bastante reservado en cuanto a pretensiones, ilusiones y sueños, nunca me desveló gran cosa. Me imagino que él debía sentirse cómodo con sus aventuras en las bibliotecas de aquellas ciudades que examinaba... Sabía bien lo que quería pero no sabía dónde. Supongo que cuando la muerte le avisó ya era tarde para sonreír. (Quedó atrapado en una autopista lejos de la capital, incomunicado y sin nadie a quien amar. Por lo demás, el temporal hizo el resto.)
¡Hasta otra, Harry!

Lobo (II)

Pronto dejé la redacción de aquel modesto periódico alemán y, desde entonces, han pasado grandes cosas por mi cabeza. Todavía recuerdo a M. -La dejé porque pensé que era lo que mi lado humano quería. Me doy cuenta de que acerté plenamente, desde el cielo o desde el infierno, ¡da igual!-.

Es curioso... como dije, A murió. Sin embargo, allá donde esté, oigo su voz y sabe que no guardamos resentimiento. Nunca fui de asesino por la vida, honestamente. Además, ¡no pienso darte explicaciones! A me comprende. Te diré únicamente que fue mi lado salvaje... Te he hablado de A y de M y realmente sólo han aparecido mis dos caras. Espero que me perdones. Allá donde estés, oirás mi voz como yo lo sentía con A.

Un eco a mi espalda me anunciaba que el cielo había cerrado los ojos; su rostro era inmenso, ajeno, oscuro. Después, los cerré yo y desaparezco.

Lobo (IV)

Solía escribir artículos para un periódico alemán. Al principio, mi espíritu se confundía a menudo con mi voluntad y el morbo se convertía en suculenta carroña para la hiena que lo comprara. Con el tiempo, ese mismo espíritu se ha dejado atrapar por el aire que respiro. -Revolución y latidos es lo más que alcanzo a plasmar-.

Sé que mucha gente, la llamaré así, porque antes eran colegas, investigadores, conservadores del pasado absorto en fechas y acontecimientos, me tacharán de subversivo o antisistema... Pero no me gusta hacer de algo trivial, la cosa más antinatural. Recuerdo que llegué a escribir con suma gravedad contra el gobierno y su apoyo inútil a los ejércitos. El día que lanzaron la bomba atómica Einstein estaba conmigo. -Al menos su teoría. Yo nunca he tenido nada en contra de los judíos.

El hecho de alegrarme no fue otro que, cómo lo diría... Me resultó bastante absurdo: trabajando para el enemigo y contra la humanidad-.

Lobo (I)

Te pareces mucho a él: su uniformidad, su esclavitud, su guerra particular, sus odios; incluso está enamorado como tú. Una chica le declaró su amor escribiendo su nombre en un papel. Vivía en un país proletario y cuyo gobierno se llama Gran Hermano. ¿Sabes? No cree en ningún dios y el poder que lo alimenta no tiene política. Y sin ser gran cosa, no tiene fama que lo desconozca. Todo el mundo sabe quién es.

Ahora voy a hablarte de ella, de otra que no es quien piensas. Para ti, su nombre es simplemente A. A es inteligente, diferente, atractiva; me gusta porque sabe como soy y me lee como un libro abierto. A veces siente lástima de mí y me riñe como a un niño. Paso las horas y las horas, cuando estoy con ella, observándola; atento a cada gesto que me dirige. A tiene también algo extraño, incomprensible y confuso que la une a mí de forma especial. Vive sola, como yo, y tiene un gusto bastante selecto por el baile. Le gusta mucho bailar y quiere que yo aprenda todo lo que ella sabe. Al principio me he negado, pero ante su entusiasmo, no puedo hacer más que rendirme.
Lo cierto es que desde que la conozco a ella, mi persona ha cambiado. Juvenal, Ovidio, Virgilio y otros tantos colegas de la literatura se han perdido un poco en mi pensamiento; igual debo decir del maestro Wagner y su excelencia Mozart. Para A no son más que 'historia'... Historia. Supongo que en parte tendrá razón. Me ha dicho que quiere presentarme a una amiga suya de la últimamente no dejo de escuchar con sorpresa. Sólo me ha dicho que se llama M y que tiene un gran encanto a primera vista. M no es para nada como A, según ella misma. A me cuenta que hace bastantes años que la conoce.

Me temo que a A no puedo mentirle, se daría cuenta enseguida... Estoy buscando el momento oportuno para decirle que sólo estoy en la ciudad de paso. Lo cierto es que no me sorprendería nada que ya lo supiera; como he dicho antes: me conoce mejor que yo. No quiero decepcionarla. Además, no sé qué espera de mí. Tengo que estar agradecido por su comprensión, a fin de cuentas, soy sólo un pobre lobo perdido. Huiré. Sí. Como un cobarde hombre que soy. Miraré hacia atrás, miraré a A ferozmente, con mis ojos grises.

Dejaré una nota en la mesa donde me acompañó y entonces sabré que A ha muerto.

Leve confesión

¿Sabrás que te quiero todas la veces que tomas forma en mi recuerdo? ¡Lástima! Igual, si te lo digo, te sirve de poco... Pensando en decir o en rogar, dije: ¡Silencio!, enmudeció la voz y habló el sentimiento.

Compasión

Melodía anecdótica

Aquella canción de la que me apoderé sin darme cuenta, que hablaba de mis sentimientos, de mi felicidad, de mi ánimo, de mi historia de amor, de mí... También recuerdo algo de ella: su nombre, sus manos entre las mías, su ternura y sus caricias. Todo con una sonrisa. Esperando lo que ya no está... oasis de mi conciencia en el desierto, sed de nunca más y todavías. (Eco de una añoranza).

jueves, 18 de febrero de 2010

Cierto eco invernal

He escuchado un murmullo de palabras; una triste sonata de piano, claroscura. Permanezco aquí, sentado en la sala, a solas... tratando de conseguir darle un sentido a ese gélido lamento. Las notas van y vienen a mi mente, enredándose y revoloteando en acordes. Me acerco a la ventana y, enseguida, me distrae la lluvia deslizándose por los cristales... cada gota se me asemeja al vaivén humano en el día a día, luchando por alcanzar un destino personal, cotidiano. Mis oídos se relajan y ahora el repiqueteo del agua en los tejados acelera un poco mis pensamientos. Empatiza con mi ánimo lentamente, como si una extraña voz me dictara en la conciencia. ¡Cómo tiran los recuerdos, qué invencible es la distancia...!
¿Qué te inquieta alma de mujer?

Carpe diem: panacea vital

Nuestra forma de vivir es errónea.
Porque el ser humano alardea estúpidamente de presente.
Porque el ser humano evoca lo necesario
y anhela como la angustia de respirar con dificultad.
Denuncio.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Melancolía poética

Todo lo que se va, no siempre vuelve. Así de sencilla es la melodía. ¿Triste quizá? ¿Cruda, cruel? Escribo y, por momentos, resuena en mis oídos: La vida siempre es un blues... o un tango en busca de bandoneón, que se estira y se contrae como el tamaño de una esperanza borgiana. (Silencio)

Sin tapujos

Hay veces que a uno le entran ganas de dejar en libertad sus opresiones;
desnudarse, desentenderse de conciencia, pensamiento y juicio.

Hojeando memorias

Uno se encuentra, a veces, con el pasado como con las páginas de un libro que ya ha leído.
Pero con la diferencia de que, en este momento,
la lectura cambió,
el lector cambió.
Solo permanecen las palabras.

Hombre que tropieza

Cuánto valor puede alcanzar el rectificar el concepto que nos hacemos de cada persona. Pues su autenticidad es la que nos muestra verdaderamente cómo es, no su forma de actuar y/o errar. A menudo vivimos sujetos a convicciones, ideas preconcebidas de otras personas; cada día es conveniente aprender el valor solidario de luchar por y para la convivencia, dando el espacio justo al egoísmo y a los propios intereses. Poniendo en evidencia afectos, defectos, franquezas. En definitiva, procurando dotar de sentido nuestra forma de vivir.

Presencia invisible

Debemos, deberíamos conocer lo que nos confunde de aquellos que queremos y con los que vivimos.

Copul-ac(c)ción

La ecuación erótica de dos almas; tal vez binomio acompañada de una incógnita más (o menos) turbada.

Peccato

Al desnudar la nostalgia, el presente acude para salvarnos de la melancolía... alegría desdichada

Re-crear-ME

La soledad es un credo recurrente y arrogante al que se aferran los egos, inquietos y añorantes.

Impresión

Uno nunca despierta soñando, tiene licencia para la emoción,
la motivación... surge como otra cara manifiesta de la fe de existir.