viernes, 19 de febrero de 2010

Lobo (III)

...he perdido la noción del tiempo que ha transcurrido. Lo siento de manera insensible. -Paradójico-. Dejé mi puesto de trabajo en aquel periódico porque sentía que había perdido... ¡Uf, no sabes el trabajo que me cuesta poner en orden mi mente! Supongo que puedo resumir todo el cúmulo de circunstancias en la noción más amplia de la palabra motivación. Confieso que puedo llegar a resultar asquerosamente egoísta. Honesto, con toda franqueza; vivo al día y procuro sacar partido a mi condición de freelance.

Llevo unos días inmerso en la apatía, cotidiana solamente. He estado cavilando sobre un libro que leí... ¡me ha impactado como ninguno! Por un momento pensé que era Harry. Disculpa. Harry es un tipo con más de medio siglo en sus retinas... En este momento, me vas a permitir que te hable de él en pasado, más tarde te explicaré el motivo. Gracias.

Era un ser que, simplemente, tenía suficiente: no esperaba nada de nadie, ni siquiera de sí mismo. Egocéntrico al filo de la extinción; refugiado en su cultura... su literatura, su música. Esclavo, en una palabra, de nadie y de sí mismo. Me atrevo a pensar que, para Harry, siempre es tarde, aunque no espere nada de nadie. Puedo creer que su espíritu es solamente un gesto ridículo de indiferencia. Puedo sentir la envidia infantil de su carácter, no me preguntes por qué. En cierta ocasión, oí que viajar es victoria. -Sí, tal vez-. Todavía no he descubierto su significado. Harry nunca le dio demasiada importancia a esto, era su forma de vida. Sin complejos y con espejismos que siempre le aterraron...

Me hablaba mucho de las ciudades que visitó a lo largo de su vida. Me pregunto si él venció antes de que le llegara su hora. Seguro que se sentiría feliz si conociera mi ciudad. Lo cierto es que Harry, pese a ser bastante reservado en cuanto a pretensiones, ilusiones y sueños, nunca me desveló gran cosa. Me imagino que él debía sentirse cómodo con sus aventuras en las bibliotecas de aquellas ciudades que examinaba... Sabía bien lo que quería pero no sabía dónde. Supongo que cuando la muerte le avisó ya era tarde para sonreír. (Quedó atrapado en una autopista lejos de la capital, incomunicado y sin nadie a quien amar. Por lo demás, el temporal hizo el resto.)
¡Hasta otra, Harry!

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