lunes, 28 de junio de 2010

Jornadas de a pie. Efemérides.

El hombre, como ser errante a lo largo de su existencia, a menudo se afana por conservar ciertos instantes que la memoria, caprichosa, intenta dotar fugazmente en las experiencias como trascendentes.
Me levanté sin la costumbre de otros días, monótonos y mecánicos. Había tomado la determinación de hacer balance de los pasos recorridos, citar en forma de caricia el sueño de esa noche. Quería rescatar de mi mente a ella, esa noche femenina y susurrante, galega. -Una extraña y confortable felicidad asoma a mis labios, torpe y cándida, cada vez que recuerdo que fui testigo de esto que escribo; en ese tiempo en que la memoria juega a conformarse de melancolías y anhelos que, con los años, se desvanece como fuegos de artificio, fugaces...- Crepitaba el suelo noble y viejo de madera con nuestros pasos en aquel apartamento que afortunadamente nos invitó a entrar; ya otros pasos nos habían conducido a Santiago. Y tropezaban, de tanto en tanto, las miradas mientras completábamos el ceremonial funesto del equipaje, que dejaba de ser cotidiano pero bien cargado de vivencias en el momento de la partida. Yo, entonces, miraba absorto las paredes, el colchón y una manta oscura a cuadros. Esa calidez y confort que da un hogar volvíamos a recuperarlas después de casi dos semanas de Camino y dormir alternando suelos fríos y literas en albergues. Sin apenas mobiliario, la habitación guardaba esa armonía que, raras veces, sentimos en el alma: esencia sentimental. Invisible. Idéntica sensación bien temprano, la mañana que saludábamos a esta ciudad eterna, convertida por las circunstancias en etapa final de la aventura más asombrosa e irrepetible de mi vida.
Y en pocas horas, el escenario propicio para un hasta la vista: andén y raíles de una estación... susurro intermitente y efímero.


3 comentarios:

Dietrich dijo...

Qué bonita experiencia haberla vivido, pero mucho más bonita es el ser generoso y compartirla a través de estas palabras.

MARIUX dijo...

El Camino es ASÍ, te hace trascender, conocerte, ser humilde y disfrutar intensamente de los pequeños detalles altruistas, paso a paso, hasta culminar esta bella aventura que también es METÁFORA DE UNO MISMO.

UN BESAZO

Dietrich dijo...

Por cierto, lo que son las cosas, después de hablar anoche sobre el Camino de Santiago he visto este mediodía un programa en el que se hablaba de él y sobre la experiencia de algunos que lo estaban haciendo. Qué casualidad.