martes, 3 de agosto de 2010

Simulacro poético

Aunque no lo sepas, soy el verso

del poema que aún no he escrito,

soy la angustia que me asalta;

aunque no lo creas, siento la distancia

que separa dos afectos,

soy el muro más culpable construido...


Leía estos versos arrugados en el suelo mientras caminaba de vuelta a casa. Me dio la impresión de que alguien se encontraba bloqueado, falto de ideas y con cierto desencanto en lo más recóndito de su espíritu. Quién no, que levante la mano empáticamente... A veces, en los momentos más caprichosos de abordaje y soledad, uno se contenta con mirar al cielo y mimetizar su ánimo, caótico, disperso y errante, con las nubes. En otras ocasiones, uno no presta la suficiente atención a detalles sin sentido con los que tropieza mientras deambula invisible por la ciudad. Sin embargo, su imaginación es capaz de construir la historia más fantástica y fugaz tan sólo imaginando... ¿evasión o victoria? Y a menudo busco por las calles el azar de una moneda que me dé la cara y me confirme otro deseo.

Darine suele recordármelo cada vez que me aproximo a la orilla de Palermo; cuadra tras cuadra, siembra de dudas mi intelecto y me reta al poema que todavía no creé... o quizás no creí (componer), maestro. No sé, hay mafiosos con uniforme que manejan por la ciudad torciendo la vista a los libros que se posan en las aceras y los parques. Y alguien desconocido se levanta de un banco, taciturno, y arroja al suelo una hoja de papel que se pierde...

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