Y me dices que nos vemos, como quien vuelve a casa porque se le ha olvidado algo poco antes de marcharse a trabajar; ¿será el guión que obedeces irremisible, minuto a minuto? Pintan tablas nuevamente. Hoy tu mente es un sudoku de nivel experto y tus párpados te van marcando la suave melodía del cansancio; una burbuja que flota, frágil, vulnerable y en peligro de extinción... mosaico de espejo donde nada es lo que parece, nada es principio y fin. Las apariencias nunca son idénticas, aunque juegues a intentar averiguar la cuestión fundamental. A menudo te consuelas con el recordatorio atávico de tu escritor de cabecera y hoy, precisamente, consideras que se ha cumplido otra injusticia porque seguirá sin ser galardonado con el Nobel de Literatura. En realidad, cada año se repite la misma anécdota: lectores de novedad, infieles; lectores de temporada otoñal, lectura caduca de hojas que no comprenden y trofeos alineados en estantes que decoran tu pretexto intelectual. ¿Nos vemos? Érase una vez la primera página de un libro esperándote.
No hay comentarios:
Publicar un comentario