La prosa de antaño viene a hacerme una visita, de improviso llamó a la puerta y me asomo no sin ciertos reparos. Tristezas, olvidos, me estrechan la mano; y una profunda desazón me invade el alma. ¿Me recuerdas?, me interroga sin albedríos, descaradamente al corazón. La inquietud se me acelera y a mi rostro le sobran las palabras; porque hay abismos que uno nunca termina de superar, por más que haya leído, por mucho que conozca la historia... A veces juego a sincerarme conmigo mismo, desordenar lo establecido y convertirme en mi propio espectador de lo que escribo. Y existen personas que destellan de optimismo con su sola presencia; no sé si será el aura, la energía positiva, el ying, los chakras... A ellos creo que siempre los consideraré unos privilegiados porque, pase lo que pase, viven en una cotidianidad inmortal, a la que no vencen ni resentimientos ni decepciones. ¿Cómo estás?, hoy, mañana o dentro de tres años... -admirable-. A mí, sin embargo, me cuesta no echar la vista atrás y saber mirar, serenamente, a los ojos; me temo que el pasado es presa fácil en mi conciencia.
Perdona, ¿dónde decías que nos conocimos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario