sábado, 20 de febrero de 2010

Ciudades invisibles (II)

Hoy caminaba por la ciudad con una extraña percepción de todo. Las calles se me antojaron pequeñas; los comercios han perdido ese grado de solera de antaño, esa credencial de olores y aromas cotidianos... Poco a poco va cambiando la tramoya, se suceden los escaparates, a cada cual más exclusivo que el anterior. No sé si es fruto de un proceso de elitismo urbano con respecto a otras ciudades. Ahora les ha dado por denominarlas 'metrópolis'. Parece como si hubiera que competir por algo estético, un certamen de belleza urbana al uso... Y todos los elementos escénicos van confluyendo en un circo turístico, superficial. ¡Pasen y vean qué tal luce esta urbe! Me aterra la sensación de pasear y reconocer solamente mis pasos; verme inmerso en este proceso de estandarización urbana.
(Por casualidad me detengo en mitad de una calle y contemplo con asombro... esto no estaba aquí ayer.)

viernes, 19 de febrero de 2010

Ciudades invisibles (I)

El otro día vino a sorprenderme Peter pero, para mi desgracia, no volaba y ni siquiera era el del cuento. Este Peter apenas si lo conozco: es amigo de amigos. Pronto lo he visto pasear por las calles de mi ciudad; caminaba tranquilo, en forma de sonrisa. Hubo un momento en que creí verlo volar, -me pregunto-; sé bien que no está prohibido pero no es algo usual hacerlo. Lógicamente oscureció y mi ciudad ante la tiniebla no puede hacer más que acompañarla. Para entonces no se ve nada porque la palabra luz no existe.

Me pregunto si sigues ahí, Peter; oí decir que los de tu especie no pisan dos veces el mismo sitio. Es igual, nos veremos antes de lo previsto: nunca. Los hombres de piedra están hechos de este lenguaje; para ellos es toda una satisfacción guardarla... como el sol en una botella. Los hombres de piedra nunca nacieron y nunca vivirán. Nunca esperan nada porque nada es importante para ellos. Cuando llueve, parece como si llorasen estúpidos todo lo que les viene encima y todo lo que ya les cayó. No tienen memoria, ¿sabes? Me dan lástima, pero yo no pedí que crecieran en mi ciudad; inmóviles, fríos, mártires.

Lobo (III)

...he perdido la noción del tiempo que ha transcurrido. Lo siento de manera insensible. -Paradójico-. Dejé mi puesto de trabajo en aquel periódico porque sentía que había perdido... ¡Uf, no sabes el trabajo que me cuesta poner en orden mi mente! Supongo que puedo resumir todo el cúmulo de circunstancias en la noción más amplia de la palabra motivación. Confieso que puedo llegar a resultar asquerosamente egoísta. Honesto, con toda franqueza; vivo al día y procuro sacar partido a mi condición de freelance.

Llevo unos días inmerso en la apatía, cotidiana solamente. He estado cavilando sobre un libro que leí... ¡me ha impactado como ninguno! Por un momento pensé que era Harry. Disculpa. Harry es un tipo con más de medio siglo en sus retinas... En este momento, me vas a permitir que te hable de él en pasado, más tarde te explicaré el motivo. Gracias.

Era un ser que, simplemente, tenía suficiente: no esperaba nada de nadie, ni siquiera de sí mismo. Egocéntrico al filo de la extinción; refugiado en su cultura... su literatura, su música. Esclavo, en una palabra, de nadie y de sí mismo. Me atrevo a pensar que, para Harry, siempre es tarde, aunque no espere nada de nadie. Puedo creer que su espíritu es solamente un gesto ridículo de indiferencia. Puedo sentir la envidia infantil de su carácter, no me preguntes por qué. En cierta ocasión, oí que viajar es victoria. -Sí, tal vez-. Todavía no he descubierto su significado. Harry nunca le dio demasiada importancia a esto, era su forma de vida. Sin complejos y con espejismos que siempre le aterraron...

Me hablaba mucho de las ciudades que visitó a lo largo de su vida. Me pregunto si él venció antes de que le llegara su hora. Seguro que se sentiría feliz si conociera mi ciudad. Lo cierto es que Harry, pese a ser bastante reservado en cuanto a pretensiones, ilusiones y sueños, nunca me desveló gran cosa. Me imagino que él debía sentirse cómodo con sus aventuras en las bibliotecas de aquellas ciudades que examinaba... Sabía bien lo que quería pero no sabía dónde. Supongo que cuando la muerte le avisó ya era tarde para sonreír. (Quedó atrapado en una autopista lejos de la capital, incomunicado y sin nadie a quien amar. Por lo demás, el temporal hizo el resto.)
¡Hasta otra, Harry!

Lobo (II)

Pronto dejé la redacción de aquel modesto periódico alemán y, desde entonces, han pasado grandes cosas por mi cabeza. Todavía recuerdo a M. -La dejé porque pensé que era lo que mi lado humano quería. Me doy cuenta de que acerté plenamente, desde el cielo o desde el infierno, ¡da igual!-.

Es curioso... como dije, A murió. Sin embargo, allá donde esté, oigo su voz y sabe que no guardamos resentimiento. Nunca fui de asesino por la vida, honestamente. Además, ¡no pienso darte explicaciones! A me comprende. Te diré únicamente que fue mi lado salvaje... Te he hablado de A y de M y realmente sólo han aparecido mis dos caras. Espero que me perdones. Allá donde estés, oirás mi voz como yo lo sentía con A.

Un eco a mi espalda me anunciaba que el cielo había cerrado los ojos; su rostro era inmenso, ajeno, oscuro. Después, los cerré yo y desaparezco.

Lobo (IV)

Solía escribir artículos para un periódico alemán. Al principio, mi espíritu se confundía a menudo con mi voluntad y el morbo se convertía en suculenta carroña para la hiena que lo comprara. Con el tiempo, ese mismo espíritu se ha dejado atrapar por el aire que respiro. -Revolución y latidos es lo más que alcanzo a plasmar-.

Sé que mucha gente, la llamaré así, porque antes eran colegas, investigadores, conservadores del pasado absorto en fechas y acontecimientos, me tacharán de subversivo o antisistema... Pero no me gusta hacer de algo trivial, la cosa más antinatural. Recuerdo que llegué a escribir con suma gravedad contra el gobierno y su apoyo inútil a los ejércitos. El día que lanzaron la bomba atómica Einstein estaba conmigo. -Al menos su teoría. Yo nunca he tenido nada en contra de los judíos.

El hecho de alegrarme no fue otro que, cómo lo diría... Me resultó bastante absurdo: trabajando para el enemigo y contra la humanidad-.

Lobo (I)

Te pareces mucho a él: su uniformidad, su esclavitud, su guerra particular, sus odios; incluso está enamorado como tú. Una chica le declaró su amor escribiendo su nombre en un papel. Vivía en un país proletario y cuyo gobierno se llama Gran Hermano. ¿Sabes? No cree en ningún dios y el poder que lo alimenta no tiene política. Y sin ser gran cosa, no tiene fama que lo desconozca. Todo el mundo sabe quién es.

Ahora voy a hablarte de ella, de otra que no es quien piensas. Para ti, su nombre es simplemente A. A es inteligente, diferente, atractiva; me gusta porque sabe como soy y me lee como un libro abierto. A veces siente lástima de mí y me riñe como a un niño. Paso las horas y las horas, cuando estoy con ella, observándola; atento a cada gesto que me dirige. A tiene también algo extraño, incomprensible y confuso que la une a mí de forma especial. Vive sola, como yo, y tiene un gusto bastante selecto por el baile. Le gusta mucho bailar y quiere que yo aprenda todo lo que ella sabe. Al principio me he negado, pero ante su entusiasmo, no puedo hacer más que rendirme.
Lo cierto es que desde que la conozco a ella, mi persona ha cambiado. Juvenal, Ovidio, Virgilio y otros tantos colegas de la literatura se han perdido un poco en mi pensamiento; igual debo decir del maestro Wagner y su excelencia Mozart. Para A no son más que 'historia'... Historia. Supongo que en parte tendrá razón. Me ha dicho que quiere presentarme a una amiga suya de la últimamente no dejo de escuchar con sorpresa. Sólo me ha dicho que se llama M y que tiene un gran encanto a primera vista. M no es para nada como A, según ella misma. A me cuenta que hace bastantes años que la conoce.

Me temo que a A no puedo mentirle, se daría cuenta enseguida... Estoy buscando el momento oportuno para decirle que sólo estoy en la ciudad de paso. Lo cierto es que no me sorprendería nada que ya lo supiera; como he dicho antes: me conoce mejor que yo. No quiero decepcionarla. Además, no sé qué espera de mí. Tengo que estar agradecido por su comprensión, a fin de cuentas, soy sólo un pobre lobo perdido. Huiré. Sí. Como un cobarde hombre que soy. Miraré hacia atrás, miraré a A ferozmente, con mis ojos grises.

Dejaré una nota en la mesa donde me acompañó y entonces sabré que A ha muerto.

Leve confesión

¿Sabrás que te quiero todas la veces que tomas forma en mi recuerdo? ¡Lástima! Igual, si te lo digo, te sirve de poco... Pensando en decir o en rogar, dije: ¡Silencio!, enmudeció la voz y habló el sentimiento.

Compasión

Melodía anecdótica

Aquella canción de la que me apoderé sin darme cuenta, que hablaba de mis sentimientos, de mi felicidad, de mi ánimo, de mi historia de amor, de mí... También recuerdo algo de ella: su nombre, sus manos entre las mías, su ternura y sus caricias. Todo con una sonrisa. Esperando lo que ya no está... oasis de mi conciencia en el desierto, sed de nunca más y todavías. (Eco de una añoranza).

jueves, 18 de febrero de 2010

Cierto eco invernal

He escuchado un murmullo de palabras; una triste sonata de piano, claroscura. Permanezco aquí, sentado en la sala, a solas... tratando de conseguir darle un sentido a ese gélido lamento. Las notas van y vienen a mi mente, enredándose y revoloteando en acordes. Me acerco a la ventana y, enseguida, me distrae la lluvia deslizándose por los cristales... cada gota se me asemeja al vaivén humano en el día a día, luchando por alcanzar un destino personal, cotidiano. Mis oídos se relajan y ahora el repiqueteo del agua en los tejados acelera un poco mis pensamientos. Empatiza con mi ánimo lentamente, como si una extraña voz me dictara en la conciencia. ¡Cómo tiran los recuerdos, qué invencible es la distancia...!
¿Qué te inquieta alma de mujer?

Carpe diem: panacea vital

Nuestra forma de vivir es errónea.
Porque el ser humano alardea estúpidamente de presente.
Porque el ser humano evoca lo necesario
y anhela como la angustia de respirar con dificultad.
Denuncio.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Melancolía poética

Todo lo que se va, no siempre vuelve. Así de sencilla es la melodía. ¿Triste quizá? ¿Cruda, cruel? Escribo y, por momentos, resuena en mis oídos: La vida siempre es un blues... o un tango en busca de bandoneón, que se estira y se contrae como el tamaño de una esperanza borgiana. (Silencio)

Sin tapujos

Hay veces que a uno le entran ganas de dejar en libertad sus opresiones;
desnudarse, desentenderse de conciencia, pensamiento y juicio.

Hojeando memorias

Uno se encuentra, a veces, con el pasado como con las páginas de un libro que ya ha leído.
Pero con la diferencia de que, en este momento,
la lectura cambió,
el lector cambió.
Solo permanecen las palabras.

Hombre que tropieza

Cuánto valor puede alcanzar el rectificar el concepto que nos hacemos de cada persona. Pues su autenticidad es la que nos muestra verdaderamente cómo es, no su forma de actuar y/o errar. A menudo vivimos sujetos a convicciones, ideas preconcebidas de otras personas; cada día es conveniente aprender el valor solidario de luchar por y para la convivencia, dando el espacio justo al egoísmo y a los propios intereses. Poniendo en evidencia afectos, defectos, franquezas. En definitiva, procurando dotar de sentido nuestra forma de vivir.

Presencia invisible

Debemos, deberíamos conocer lo que nos confunde de aquellos que queremos y con los que vivimos.

Copul-ac(c)ción

La ecuación erótica de dos almas; tal vez binomio acompañada de una incógnita más (o menos) turbada.

Peccato

Al desnudar la nostalgia, el presente acude para salvarnos de la melancolía... alegría desdichada

Re-crear-ME

La soledad es un credo recurrente y arrogante al que se aferran los egos, inquietos y añorantes.

Impresión

Uno nunca despierta soñando, tiene licencia para la emoción,
la motivación... surge como otra cara manifiesta de la fe de existir.