A menudo hago caso de ciertos ecos sabios que llegan a mi intelecto acerca de escribir. Siempre tengo presente, por ejemplo, el primero, por un motivo especial y porque considero que sigue siendo el fundamental: escribo porque es una forma de estar vivo, en el mundo. Y es cierto, no encuentro mejor argumento para mostrarlo. También me quedo con las palabras de otro escritor que, sinceramente, sólo he leído artículos y entrevistas suyas en el periódico o en suplementos dominicales. -No quiero entrar a valorar estética o literariamente su obra-. Y este lanzaba algo así como una profunda reflexión -dedicada, a mi entender-, al ser humano (lector), decía algo así: escribo, no sé si para mí mismo, para oírme lo que escribo, satisfacer a mi ego; o simplemente escribo para satisfacer a un grupo de personas que me 'siguen', que son mis lectores.
Me quedo con las dos afirmaciones y, humildemente, añado: escribo por la necesidad de serenar mis inquietudes, de dar consciencia a mis pensamientos. Como el acto de abrir los ojos y mirar. Saber y aprender a mirar.