jueves, 25 de marzo de 2010

Lobo solitario


Esbozaba la estúpida sonrisa de la derrota; resignándose, pensaba que había aprendido ya a asimilar ciertos golpes que lanza el destino. Sentía el alma de papel, rasgada y difuminada como confeti. Mantenía la sensación de otras fechas: inmerso en mil y un pensamientos insomnes, sin tregua y con la conciencia anestesiada de principios y propósitos. Recordarla parecía la consigna que lo impulsaba a seguir existiendo; a lo mejor magnificaba su presencia y ese era el código que podía descifrar los síntomas de su delirio. Por momentos la nostalgia le hacía deambular horas y horas en la ruleta rusa como una bala, exiliado en su jungla urbana... sin embargo ni el cansancio ni fumar compulsivamente calmaba su ansia. El humo de sus cigarrillos lo hipnotizaba; anclaba una y otra vez, de manera inconsciente, su autoestima en la terraza de sus confesiones, de sus pactos espontáneos con la camarera, por una copa de más... Gozaba también perdiéndose en garitos oscuros, entre la multitud de cuerpos ociosos dispuestos a congeniar mientras la música sonaba irrespirable; se compadecía a menudo del escaso talento y gusto musical que imperaba. Y en esa atmósfera, su instinto lo interpretaba como un reto necio por alcanzar la barra, atestada de ingenuos cazadores en busca de presa... Antaño él también había sido como uno de esos jóvenes que afronta la conquista como una simple apuesta, de sexo de retrete alcoholizado y con minúsculas. Las cosas habían cambiado mucho... De forma inesperada le asaltaba la duda de los años, tal vez el cansancio de ser hombre, solitario.