viernes, 2 de abril de 2010

Kizilay

Pocos conocen este bulevar otomano en el corazón de la capital turca. Metrópolis atípica, llena de contrastes, humildes y exuberantes por igual; personajes pintorescos y austeros. Fluir incesante de transeúntes. Si no fuera por los modelos de automóviles, los taxis serían como los neoyorquinos, pero sólo en el color; aroma de baklavas asomando por las pastelerías selectas y sofisticadas; dönner kebabs salpicados por las esquinas, fachadas de cristales opacos que dan mayor amplitud a este singular corredor urbano. De arriba a abajo, aparte de la sinfonía inacabada por el tráfico, destacaría el vaivén incesante de estudiantes, jóvenes de atuendo oscuro con pañuelo a la cabeza; otros, 'disfrazados' de Erasmus, sus rostros y apariencia los delatan, ciertos especímenes en extinción por estos lares... Guardo especialmente un recuerdo de Kizilay. Deambulando... topé con una librería e hice realidad el deseo de una amiga: comprarle Küçük Prens -El principito (en turco)-. Ah, era primavera, hace unos seis años.