Hoy me he levantado con el universo aquí al lado, entre arrugas de sábanas a mis pies, el reclamo tierno de mi hijo en su cuna y algunas horas de sueño en el débito, -pero no pesan, no, ni lamentos ni aflicciones... ¡lastre, lastre!-. En la radio suena distinta la rutina sintonizada; la voz del locutor emite un mensaje que apenas descifra mi conciencia: ¿tiempo de crisis, fusiones frías, decretos, sentencias, decesos...? ¿Violencia de género? Batallas de tamaño singular que castigan la inteligencia de las emociones. Y salgo a la calle temprano, con la esperanza en el bolsillo tintineando como monedas sueltas, el humor flotando sobre la epidermis; desayuno confianza, por una horas puedo apartar mi mente del trabajo, cotidiano. Almuerzo y siesta: admito que son la mejor recompensa de mis placeres mundanos. Es importante renacer cada día un poco, aunque no seamos conscientes del todo, aunque tengamos la sensación de que se ha repetido el mismo capítulo de nuestra vida. Cae la tarde, el sol pone su punto y seguido a cada página existencial. Quiero ser un libro abierto, resplandeciendo, parpadeando.
''NUNCA SE DA TANTO COMO CUANDO SE DAN ESPERANZAS''