Sólo hace tres días que se ha ido y confieso que aún no doy crédito; mi más sincera gratitud por sus palabras y su discurso: honesto y consecuente. Cierto es que tenía la capacidad de exponer, analizar y describir la realidad con transparencia, podía contagiar su capacidad de asombro de niño; en el mismísimo bosque de párrafos, las parábolas que daban cuerpo a sus obras, su puntuación caprichosa... latía el espíritu de un hombre humilde, sensible y comprometido; capaz de plantear hipótesis metafísicas irreconciliables con la sencillez más cotidiana, porque todo fluye y pasa también con o sin arrogancias, inquietudes, tedios, anhelos...
No pasa el tiempo, este únicamente nos trae. Probablemente, por nuestra condición, debiéramos prestar más atención a ser personas.
Y a menudo he tenido la impresión de que le veían como un signo de interrogación, premiada anécdota "novel".
OBRIGADISIMO, señor Saramago.