jueves, 8 de julio de 2010

Gioia quotidiana

Hay veces que uno contempla el gesto más tierno de un niño, confunde una sonrisa con la suya, canta, se asombra e interpreta la simpatía más impar jamás imaginada. Las tardes llegan puntuales, como las agujas del reloj, papillas y biberones se entretienen haciendo preparativos más cotidianos, buenos días de guardería... También hay días en que las horas olvidan los nombres y escucho monosílabos en pañales, repetidos en susurros... se me despierta entonces la alegría y otra vida juega a sonreírme.