Sé que dejo algo allá donde voy, pero esta vez no es la tristeza ni la añoranza. A menudo las confundo y de mis manos escapan. En cualquier lugar siempre queda algo, algo parecido al temor que respiran los niños en noches frías y húmedas, algo que ya se me está escapando...
Los pasos tragan arena y la garganta llama a la sed; la verdad espera siempre en la esperanza, la esperanza guarda siempre soledad. Dentro de esta se encuentra siempre compañía que la abriga y un hueco diminuto, el quejido de una roca se hace arena; una puerta espera quieta despertar...
Y al abrir esa puerta, aparece. Sólo un giro me separa lo brotado y un gesto sencillo y descalzo alejan mis pasos... y el temor de no encontrarme con mi espalda no mitiga las ansias, la sed que surge en el Camino.