viernes, 19 de noviembre de 2010

Desnudo confeso

Decía el maestro luso que se aprende en la tristeza, en la reflexión, en el silencio. Hoy escribo con esa necesidad que me dictan las circunstancias, con el corazón latiendo en la palma de la mano, sin abstenciones por decir lo que siento, sin omisiones; el peso de los acontecimientos resuena en mi mente como una pesada sentencia. Sí, últimamente me siento extrañamente sensible, vulnerable; la crisis acecha en todos los ámbitos imaginables para el ser humano que soy y mi alma, sedienta, no se conforma con las pequeñas alegrías cotidianas... Decir que me siento solo puede ser un gesto de valentía reconocerlo o, simplemente, una señal de arrogancia... no importa, sinceramente. La cuestión fundamental es más compleja e intrínseca. Sentimiento absurdo y caprichoso que me invade desde hace varios días. Tristeza, reflexión, silencio...