miércoles, 20 de abril de 2011

Minúscula estampa

Como un puñado de años se presentó ante mis ojos el barrio de mi infancia; contemplarlo era todo un privilegio, un reencuentro previsto pero sin conciencia real del momento; porque uno también vuelve al pasado, aunque a veces sólo se presente como un escenario ajeno, nada próximo a lo cotidiano de un par de retinas; todo se ve a través de una pared invisible.

Y el asombro aumentaba con los detalles más insignificantes: nunca me había parado a pensar que un barrio pudiera tener calles con nombres, pues antes simplemente eran aceras, jardines y soportales de bloques... Titubeante, fui tropezando con rostros de antaño, hombres y mujeres de otro tiempo, padres de amigos o, simplemente, de compañeros de colegio. Uno crece físicamente pero lo que le rodea mantiene esa atmósfera especial que le hace ver lo que tiene delante de otra manera, poco a poco, empequeñecido; los recuerdos regresan caprichosos y una tierna sonrisa te despierta el ánimo, porque el viento silba de un modo especial en este barrio...

No hay comentarios: