-¿Hoy renace, maestro?
-Otro, sin ser un Fénix, pero con sus incógnitas existenciales; si bien, uno es fruto únicamente del momento preciso en que posee la certeza de lo que es para siempre.
-¡Caramba! ¿Y usted predicaba en sus obras con semejantes ideas?
-De joven me cautivó el fervor patrio, hice unos cuantos versos... también me fascinó lo gauchesco, el suburbio porteño... los -ismos me agotaron enseguida y comencé a escribir ficción; un día fue un encuentro en un parque: sentado en un banco hablando con otro yo, que me interroga como si fuera otro. Usted lo puede nombrar como ideas, para mí son sólo temas recurrentes y atractivos sobre los que escribir (laberintos, inmortalidad, cábala, identidad, infinito, mitología, sueño...)
-Definitivamente, a usted le apasiona conversar sobre Literatura. ¿Qué le da más satisfacción, su obra o los libros que descubre?
-Joven, a lo largo de mi vida, me enorgullezco más de los libros que he leído que de los que he escrito.
-Amén, Maestro. Siempre agradecido. (112 años de su llegada y 25 de su despedida.)