Del estado decadente de injurias, borrascas torpes...
el borde de las palabras
hiere cuando están desnudas,
cuando la desidia, la indiferencia
de otro arpegio de dudas te inquieta,
oscilantes como anhelos maleables,
puntos cardinales de un cerebro
anestesiado por el tiempo,
el resentimiento
o la sinrazón las enmudecen;
alienados
de egos sombríos que tropiezan...
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