La fuerza del miedo 'produce monstruos' y puede convertir en hombrecillos a los que gobiernan y transformar al pueblo en un gigante. -Deseo-.
Hoy por hoy, la política es un artefacto con tintes explosivos en un país de mierda, donde la 'clase' política vive al margen de salpicaduras, injusticia social, proclamando un bienestar tan, tan austero que únicamente complace a los de arriba; donde cada vez se hacen más cotidianas las protestas en forma de hondas; gritos, como pólvora, que siembran las calles de un caos sin importancia, donde las moscas aparecen equipadas, según el reglamento, como agentes de policía... o infiltrados revientamasas -igual algún día golpee a los aludidos...- Algunos sueñan idílicos con una nueva asamblea constituyente, un referéndum, una ciudadanía que recupere su papel participativo en la sociedad, con un millón de votos en blanco y nulos como alternativa lúcida... con una derecha menos siniestra y decretada y más diestra con el pueblo...
Y uno se pregunta en qué tablao lidian la banca, los ricos y sus corporaciones; porque, en estos tiempos, el pueblo ni se divierte ni es espectador de esta fiesta, le toca estar en tendido de Sol... nos venden con frecuencia la moto de la amnistía, esa palabra de moda comodín, versátil y, ¿por qué no? fiscal: binomio de una ecuación micro económica, 'porque ellos lo valen', por ser fulanos de tal y con reputación de contrastes, impune y con plaza reservada.
Entonces se reiteran las campañas de movilización y protesta, que pretenden mitigar ligeramente la pasividad ciudadana, ese espíritu victimista que la atenaza por el dilema fortuito de creerse más víctima que cómplice, pues carece del valor suficiente para encarar esta tragedia... Y después, las cifras sobre el índice de participación en la protesta callejera de turno son pura anécdota, la imparcialidad, ¡a la puta calle!; el panorama político es de ciencia-ficción, una fábula llamada Europa que se prepara, día tras día, ganando el pulso del racionamiento, para reinstaurar la era del Vuelva usted mañana y el ¡sálvese quien pueda!
Hoy por hoy, la política es un artefacto con tintes explosivos en un país de mierda, donde la 'clase' política vive al margen de salpicaduras, injusticia social, proclamando un bienestar tan, tan austero que únicamente complace a los de arriba; donde cada vez se hacen más cotidianas las protestas en forma de hondas; gritos, como pólvora, que siembran las calles de un caos sin importancia, donde las moscas aparecen equipadas, según el reglamento, como agentes de policía... o infiltrados revientamasas -igual algún día golpee a los aludidos...- Algunos sueñan idílicos con una nueva asamblea constituyente, un referéndum, una ciudadanía que recupere su papel participativo en la sociedad, con un millón de votos en blanco y nulos como alternativa lúcida... con una derecha menos siniestra y decretada y más diestra con el pueblo...
Y uno se pregunta en qué tablao lidian la banca, los ricos y sus corporaciones; porque, en estos tiempos, el pueblo ni se divierte ni es espectador de esta fiesta, le toca estar en tendido de Sol... nos venden con frecuencia la moto de la amnistía, esa palabra de moda comodín, versátil y, ¿por qué no? fiscal: binomio de una ecuación micro económica, 'porque ellos lo valen', por ser fulanos de tal y con reputación de contrastes, impune y con plaza reservada.
Entonces se reiteran las campañas de movilización y protesta, que pretenden mitigar ligeramente la pasividad ciudadana, ese espíritu victimista que la atenaza por el dilema fortuito de creerse más víctima que cómplice, pues carece del valor suficiente para encarar esta tragedia... Y después, las cifras sobre el índice de participación en la protesta callejera de turno son pura anécdota, la imparcialidad, ¡a la puta calle!; el panorama político es de ciencia-ficción, una fábula llamada Europa que se prepara, día tras día, ganando el pulso del racionamiento, para reinstaurar la era del Vuelva usted mañana y el ¡sálvese quien pueda!
No hay comentarios:
Publicar un comentario