martes, 23 de abril de 2013

Confieso... que he leído

Una silueta aletea monótona, racheada por el tacto de unos dedos; el silencio impera en esta península solitaria, refugio de calma y tormenta; mis ojos se distraen un instante contemplando los trazos que se forman circulares en una taza de café, como el rastro caprichoso de la lluvia en un cristal, insomne, húmedo. A veces me pregunto por qué razón extraña barruntan ciertos pensamientos en la memoria, por qué un momento deja huella golpeando caliente, melodía instantánea... o cuánta añoranza rezuman los abrazos que ofrecemos, que entregamos asonantes... Me arrastro, sí, por las palabras que sacuden el alma, la magia que evocan y la poesía que me da aliento. Cada día es un pacto de tinta que dibuja en mi cerebro el penúltimo lienzo de sosiego; cada encuentro tiene un nombre, una voz que me susurra, me fabula, me dialoga, me interroga, me seduce y aniquila el tiempo... Soy o no soy, en un lugar de ensoñación, con vencimiento.

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